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Chapter 6: Chapter 6

Julián logra estabilizar el Caminante-04 para escapar de la confiscación inmediata, pero Silas responde imponiendo una restricción de recursos sobre todo el sector, convirtiendo la supervivencia de Julián en un conflicto social que pone a toda la comunidad en su contra.

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Chapter 6

El cronómetro de la plataforma de mantenimiento marcaba once minutos. El tiempo no era solo un número; era el ritmo al que la Torre le succionaba la vida al Caminante-04.

Julián Varga estaba encajado en la cabina abierta, con el brazo izquierdo del mech colgando como un tendón roto y el chasis interior gimiendo bajo la presión de la auditoría. El olor a ozono y aceite quemado le saturaba los pulmones. Afuera, el mercado sectario no vitoreaba su victoria. La multitud, azuzada por los agentes de Silas, reclamaba el pago de una deuda que Julián no podía cubrir.

—¡Que pague el chatarrero! —gritó una voz desde la baranda, teñida por el neón violeta del Campo de Pruebas—. ¡Nos dejó sin media red de energía por su numerito!

La frase golpeó a Julián como un proyectil. En las pantallas de revisión, la etiqueta ANOMALÍA parpadeaba en un rojo insultante. El sistema de Silas no solo lo vigilaba; lo estaba diseccionando.

Comandante Silas, desde la pasarela superior, observaba con una calma que resultaba más letal que cualquier arma.

—Resultado irregular —sentenció Silas, su voz amplificada por los altavoces del sector—. El Caminante-04 queda retenido para revisión forzada. La victoria de Varga no compensa el desbalance energético provocado en este sector.

Valeria Solís se abrió paso entre los técnicos del Gremio, con las manos manchadas de grasa y una llave de puente apretada entre los dientes. Se plantó frente al Caminante-04, bloqueando el acceso al núcleo.

—Ni se les ocurra —advirtió, su voz cortante como un bisturí—. Si tocan el registro ahora, la columna del mech colapsará. ¿Quién responderá por la pérdida de datos?

Julián alzó la vista, encontrando el reflejo de su propia desesperación en el cristal de la consola. Valeria se inclinó hacia él, susurrando apenas lo suficiente para que él lo oyera:

—Julián, hay trazabilidad oculta en el módulo. No es solo un fallo. Es una ruta.

—¿A dónde? —preguntó él, sintiendo cómo el cuello se le tensaba.

—A algo más arriba. Y no me gusta cómo late.

Silas descendió un escalón, su presencia imponiendo un silencio absoluto.

—Interesante —dijo el comandante—. La anomalía revela irregularidades adicionales. El patrón se confirma.

—El patrón es que usted está fabricando una confesión —respondió Valeria, sin retroceder.

Un dron de auditoría zumbó sobre ellos, barriendo el chasis con un haz de luz azul. Los indicadores de la pantalla cambiaron: TIEMPO DE REVISIÓN RESTANTE: 9:14. Julián entendió la trampa: si dejaban que la auditoría terminara, el Gremio se llevaría el mech y, con él, la llave maestra. Si perdía el mech, perdía el acceso al duelo definitivo.

—Dame una ventana, Valeria —ordenó Julián.

—¿Para qué?

—Para moverlo antes de que me lo arranquen.

Julián se puso en pie dentro del armazón, ignorando el dolor en su costado. Habló lo bastante alto para que el mercado entero lo escuchara:

—Si me confiscan el mech, la red del sector muere. El consumo ya está medido. Ustedes deciden: ¿quieren el frame o quieren que el sector se quede a oscuras?

La multitud dudó. El Gremio odiaba cuando un deudor lograba poner precio a su propia caída. Valeria aprovechó el titubeo y hundió sus herramientas en el panel central.

—Nueve minutos para aislar la carga —dijo ella, frenética—. Si lo logro, el Caminante-04 se mantendrá vivo lo justo para salir de aquí. Pero la red del sector se quedará flaca durante horas.

Silas sonrió, una mueca gélida.

—Eso ya está resuelto. REVISIÓN FORZOSA: EXTENDIDA. RETIRO AUTORIZADO EN 6 MINUTOS.

Julián sintió el golpe de la realidad. Seis minutos. Era una cuenta regresiva para la ejecución. Valeria, con una precisión brutal, arrancó un bloque de datos del módulo y lo encajó en la cavidad de emergencia del cuello del mech.

—Guárdalo en ti —dijo ella—. Es un mapa hacia arriba.

Julián activó el Caminante-04. El mech se quejó, un sonido metálico de agonía, pero dio un paso. Luego otro. La multitud gritó, dividida entre el miedo y el asombro. El sello de ANOMALÍA CLASIFICADA brillaba sobre el casco mientras Julián se abría paso hacia la salida de la plataforma.

Silas, inmutable, lanzó su golpe final:

—Por orden de la Comandancia, el Sector 9 queda bajo restricción total de recursos. Energía, agua y piezas serán racionadas. Cualquier asistencia a la anomalía será considerada obstrucción.

El patio enmudeció. El hambre acababa de ser decretada como ley. Julián miró a Valeria, quien permanecía a su lado, desafiante.

—Ahora sí —murmuró ella—. Te está cobrando por existir.

Julián miró hacia el nivel superior de la Torre. La puerta estaba abierta, pero el camino estaba ahora sellado por la miseria de todo un sector. El ascenso no era solo una prueba de fuerza; era una carrera contra el hambre.

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