Chapter 5
El contador de la auditoría de tercera capa parpadeaba en el visor del Caminante-04: 00:18:42. Una sentencia en rojo sangre.
Julián Varga no tenía margen. Debía sostener el mech un minuto más sin que Silas le cerrara el núcleo, sin que el favorito le destrozara el hangar y sin que la red pública del sector le cortara el oxígeno eléctrico. El hangar era un mercado de fierro podrido, lleno de cámaras y el olor agrio a ozono de las apuestas de vida o muerte. Arriba, las gradas estaban llenas; abajo, los técnicos fingían no elegir bandos. La Torre pagaba por la obediencia y castigaba la duda.
Frente a él, el favorito de la élite exhibía un Centurión blanco y dorado, blindado para lucirse. El de Julián, en cambio, lucía la chapa de rescate y la costura fresca de Valeria. La diferencia no era estética; era social. Era deuda visible.
—Te dejaron subir por caridad, Varga —dijo el favorito por canal abierto—. Te bajo y te regreso al montón.
Julián no respondió. El Caminante-04 dio un paso, lento, bajo la presión de la auditoría. No podía abrir la llave maestra de golpe; Silas vería el patrón y lo purgaría. Julián ejecutó pulsos mínimos, una precisión sucia, usando el peso del rival contra el tiempo.
El Centurión cargó. Julián giró el torso un grado, desviando el impacto al hombro blindado. La energía se disipó con un sonido metálico, caro.
—¡Mírenlo! —gritó alguien desde las gradas—. ¡Todavía no lo partieron!
El favorito lanzó un gancho lateral. Julián atrapó la garra enemiga entre dos placas deformadas. El metal chilló. Por un segundo, el hangar entendió: no era fuerza, era lectura. El HUD marcó: Desvío de carga: +11% eficiencia. No era una mejora; era aire.
La voz de Valeria entró por el canal técnico, filosa:
—No uses la llave como martillo. Si la estiras, la Torre te olerá como amenaza de nivel superior.
—Si no la uso, me caigo —murmuró Julián.
—Entonces úsala con cabeza. Deja una firma rara, no una confesión.
El favorito, enfurecido por el titubeo de la chatarra, arremetió contra las rodillas del Caminante-04. Julián rozó el módulo. La llave respondió con mala gana, desplegando un mapa de rutas internas. Canal de eco / prioridad de núcleo / latencia reducida.
Valeria aspiró aire.
—No… —susurró, con miedo.
El Centurión chocó. Julián patinó, dejando una estela negra. El contador bajó a 00:17:09. Desde el palco, Silas levantó una mano. Las compuertas se cerraron con un estruendo. Un panel rojo se encendió: CLAUSURA PARCIAL / DUELO EN PROGRESO.
—El sistema detecta un consumo irregular —anunció Silas, su voz fría—. Seguiremos la evaluación en un corredor controlado.
Era una trampa: menos espacio, más drenaje. Julián entró al corredor. El público rugió. Ya no veían a un reciclado; veían a alguien que aprendía mientras golpeaba. Julián usó la pared del corredor como apoyo, convirtiendo el metal del hangar en un tercer brazo. El Centurión falló por centímetros. Julián hundió el codo en la junta del blindaje dorado. El metal cedió.
La multitud explotó. La victoria era pública, real y cara. Su mech ganaba, pero la auditoría devoraba el tiempo: 00:15:26.
—¡Esto no cuenta! ¡Está usando un artefacto prohibido! —gritó el favorito.
Silas no lo contradijo. Julián apretó la llave una vez más. El módulo desplegó una ruta de colapso parcial. Un archivo. Un mapa de puertas. Julián supo que aquello podía colapsar el piso, pero el favorito seguía vivo. Giró el Caminante-04 y lanzó el cierre. El golpe reventó la articulación del Centurión contra la baranda.
VARGA, JULIÁN / VICTORIA POR INMOVILIZACIÓN TÁCTICA.
Silas descendió. Su uniforme impecable era una declaración de guerra.
—Julián Varga ha demostrado capacidad operacional —anunció—. Pero su consumo es incompatible. El Caminante-04 queda bajo revisión total.
El público, antes eufórico, cambió. Una voz gritó: —¡Que lo arregle ahora! ¡Si venció, que pague el daño! El hangar exigió una reparación imposible.
—No alcanza —dijo Valeria, con rabia—. Ni con lo que ganaste.
El favorito, desde su cabina abollada, lo miró con odio:
—Te voy a sacar el acceso. Duelo de escalada. El perdedor pierde su acceso a la Torre.
Julián, con el mech humeando y la auditoría viva, entendió: la victoria no lo sacó del abismo. Solo encendió una lámpara sobre el siguiente borde.