Novel

Chapter 8: El ascenso prohibido

Mateo escala solo desde el nivel 35 al 40 perseguido por cazadores y mercenarios, usando el módulo azul que drena su tejido vivo para mantener el núcleo del Perro de Hierro operativo. Mata a un piloto moribundo por combustible, derrota a una barricada de cinco Mechs recompensados y llega al nivel 40 al borde del fallo multiorgánico. El módulo consume más vida de la prevista para estabilizar el Mech. Mientras tanto, Valeria accede a archivos privados de Kaelen y descubre la orden de eliminación firmada por su padre contra el mentor de Mateo.

Release unitFull access availableSpanish / Español
Full chapter open Full chapter access is active.

El ascenso prohibido

El Perro de Hierro reventó la rejilla del conducto vertical y aterrizó de rodillas en el corredor principal del nivel 35. La placa pectoral, ya abollada de antes, escupía chispas azules que lamían el suelo como veneno luminoso. En la interfaz retinal de Mateo el contador biológico del módulo parpadeaba implacable: 37:14.

Tosió dentro del casco. El sabor metálico le llenó la boca; sangre espesa le corrió por la barbilla y goteó sobre los controles. El módulo latía contra su esternón como un segundo corazón enfermo. Cada pulso le arrancaba tejido para mantener el núcleo en 19 %. Doce por ciento era apagado total. Ocho era el fin sin regreso.

Tres siluetas blindadas emergieron al fondo del pasillo: Cazador-7, -11 y -19. Blindaje mate, lanzas térmicas encendidas, redes de nanofibras ya desplegadas en abanico. No venían a capturar. Venían a borrar el nombre Vega del ranking para siempre.

El módulo pinchó directo al nervio óptico. Mapa fantasmal del nivel 35: pasillos, salidas secundarias, puntos ciegos térmicos. Distancia al ascensor del 40: 1.8 km. Tiempo estimado en condiciones normales: diez minutos. Con tres cazadores y núcleo al 19 %, cero realista.

Mateo apretó los dientes hasta sentir el esmalte crujir. El brazo izquierdo —reconstruido con vectores Centinela— zumbó con potencia que ningún Mech de su clase debía tener. Avanzó cojeando, fingiendo colapso inminente. Los cazadores se abrieron en triángulo perfecto, sin prisa.

—Cuarenta segundos, Chatarrero —transmitió Cazador-7 por canal abierto—. Kaelen paga generoso por cabezas calientes. Entrégate y tal vez te deje ver a tu madre una última vez antes del reciclaje.

Mateo no respondió. El módulo le marcó el vector: sobrecarga direccional en actuador izquierdo, 300 % sobre límite. Riesgo: fallo catastrófico del brazo en ocho segundos. Ganancia: derribo de Cazador-7 y pasillo abierto.

Esperó a quince metros de la lanza térmica. Activó.

El brazo izquierdo se encendió azul eléctrico. El pulso salió como un látigo invisible. Cazador-7 se partió en dos secciones humeantes, torso y piernas separados por una línea de fusión limpia. Los otros dos titubearon un latido. Suficiente.

Mateo aceleró hacia la ventilación secundaria. El contador bajó a 32:47. Las alarmas de la Torre resonaron en todos los niveles: «Criminal tecnológico nivel Alfa. Recompensa activa. Captura o eliminación autorizada.»

Se arrastró por el túnel terciario del nivel 37 en modo reptante, placas del vientre chirriando contra el corrugado. Núcleo al 19 %. El módulo succionaba vida con cada latido. Treinta y siete minutos si no encontraba combustible antes del 38.

Al final del conducto apareció una cámara de mantenimiento. Un piloto moribundo apoyado contra la pared, traje abierto como lata reventada, media cara quemada hasta el hueso. En su regazo, bidón de combustible de emergencia: 14 % de capacidad, emblema Centinela descolorido.

El hombre levantó una mano temblorosa.

—Sácame el núcleo de dolor… y te doy el bidón.

El módulo proyectó la línea fría: siete minutos de tejido vivo por catorce por ciento de combustible. Siete minutos menos de vida por estabilizar el núcleo al 28 %.

Mateo miró el bidón. Miró al hombre. Vio a su madre firmando el pagaré en el nivel 8, uñas rotas, voz quebrada al pronunciar el apellido. Vio el apellido Vega tachado en rojo en la pared del cobrador.

Bajó el cañón de pulsos del Perro de Hierro. Un disparo limpio. El cuerpo se relajó. Mateo cargó el bidón, inyectó. Núcleo subió al 28 %. Contador biológico ajustado: 40:12. El pecho le ardía más, cada respiración rasposa traía sangre fresca a la comisura.

Salió al nivel 38. Un mensaje cifrado irrumpió en la interfaz: coordenadas, firma parcial de Valeria. «No mueras antes del 40. Tengo algo que cambia todo.»

Nivel 39. La pasarela al ascensor del 40 estaba barricada: cinco Mechs ligeros de asalto, pintura descascarada, armas improvisadas. Pilotos que habían aceptado la recompensa de Kaelen. Ciento cincuenta mil créditos y borrado de deuda. Suficiente para vender cualquier vida.

El módulo succionaba. Contador físico: 41 minutos. Cada respiración costaba más que la anterior.

—Ríndete, Chatarrero —gritó el líder por canal abierto—. Te entregas vivo y tal vez Kaelen te deje morir rápido.

Mateo avanzó despacio, brazo izquierdo zumbando. Los cinco se abrieron en cuña: escudos superpuestos, cañones alineados. Las cámaras de la Torre transmitían en directo. Cada golpe sería ranking puro.

Se detuvo a treinta metros. Alzó el brazo izquierdo en gesto de rendición. Los escudos bajaron un grado. Activó el pulso direccional del módulo en vector estrecho, máxima compresión.

El aire se partió. Onda azul atravesó la formación. Dos Mechs cayeron con cockpits abiertos, pilotos gritando. Los otros tres dispararon al unísono. El Perro recibió impactos en el torso, placas saltando, pero el brazo izquierdo aguantó. Mateo cargó.

Golpeó al líder con el puño reconstruido. Estructura colapsó. Los últimos dos intentaron huir. Mateo los alcanzó con un pulso final. Cayeron humeando.

Entró al ascensor del nivel 40 con el Perro humeando, retransmisión pública mostrando su silueta ensangrentada ascendiendo. Contador biológico: 38:22.

Dentro del ascensor se desplomó contra la pared. Núcleo al 17 %. Respiración como vidrio molido.

La interfaz azul se desplegó cruda: Tejido viable restante: 41 minutos antes de fallo multiorgánico irreversible.

Escupió sangre oscura.

—No me mires así —murmuró al módulo—. Ya sé lo que quieres.

Esquema corporal en alambre azul: corazón intermitente, pulmones ámbar. Texto sin adornos: Transferencia de masa biológica → estabilidad núcleo 92 % → ascenso viable nivel 40. Rechazar = apagado total en 9 minutos 14 segundos.

Cerró los ojos. Vio a su madre. Vio el apellido Vega. Vio la cicatriz del chasis del Perro como prueba de su camino.

Forzó su voluntad.

—Toma lo que necesites. Pero llévame al 40.

El módulo latió fuerte. Calor blanco le recorrió el pecho. Tejido vivo cedió. Núcleo subió al 92 %. Contador biológico se desplomó: 29:08.

Las puertas se abrieron al nivel 40. Mateo, sangre en la comisura, visión borrosa, hizo dar un paso tambaleante al Perro de Hierro. El módulo azul pulsó suave, casi satisfecho.

Y en algún lugar de la Academia, Valeria abrió un archivo privado de Kaelen. La fecha de muerte del mentor de Mateo. La firma de Almirante Solís. La orden directa de eliminación.

Sus manos temblaron sobre el datapad.

Member Access

Unlock the full catalog

Free preview gets people in. Membership keeps the story moving.

  • Monthly and yearly membership
  • Comic pages, novels, and screen catalog
  • Resume progress and keep favorites synced