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Chapter 6: El desafío de la Directora

Julián sobrevive a la prueba de estrés personalizada de Solís en el Nivel 3 mediante una maniobra técnica arriesgada, forzando a la Academia a reconocer su competencia ante los patrocinadores. Tras la victoria, descubre que el Nivel 4 es un cementerio de frames de élite, revelando la naturaleza depredadora de la Torre.

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El desafío de la Directora

El zumbido del Vanguard-04 ya no era un sonido mecánico; era un lamento que vibraba contra los huesos de Julián. En el taller clandestino de Kael, la luz mortecina de los monitores revelaba la cruda realidad: el faro de rastreo de la Academia no solo estaba activo, sino que se alimentaba directamente del núcleo de su IA prohibida. Cada segundo de conexión era una cuenta atrás hacia la confiscación de su frame.

—Si purgas el faro, el sistema colapsará —advirtió Kael, su voz rasposa cortando el aire cargado de ozono—. La Academia ha integrado el rastreador en el bus de datos principal. Es un parásito, Julián. Si intentas arrancarlo, el Vanguard se apagará en medio de la prueba.

Julián apretó los puños, ignorando el temblor en sus dedos. —No voy a dejar que me conviertan en chatarra antes de llegar al tercer nivel. Si no puedo borrarlo, lo voy a asfixiar.

En lugar de una purga limpia, Julián desvió el flujo del núcleo hacia el canal de sensores, inyectando un torrente de ruido binario y datos basura a máxima potencia. El Vanguard-04 convulsionó. Humo negro salió de las juntas del brazo derecho mientras los servomotores se bloqueaban por el calor extremo. La integridad estructural caía en picada, pero en la red de la Academia, la señal de Julián se convirtió en un caos indescifrable. Había comprado tiempo, pero el costo era una inestabilidad crítica que cualquier impacto en el Nivel 3 podría convertir en una sentencia de muerte.

*

La arena del Nivel 3 era una estructura de acero y cristal diseñada para quebrar el espíritu de los escaladores. Solís observaba desde la plataforma de mando, su silueta recortada contra el vacío de la Torre. Cuando la voz de la Directora resonó por los altavoces, no hubo bienvenida, solo un decreto de ejecución técnica: «Iniciando Prueba de Estrés de Clase Alta. Los frames de bajo costo serán sometidos a resonancia armónica. Sobrevivan o conviértanse en escombros».

El suelo bajo los pies de Julián comenzó a vibrar con una frecuencia que hacía que el metal de su Vanguard-04 gimiera. A su alrededor, otros escaladores colapsaron; sus máquinas, incapaces de absorber la fatiga del metal, se desintegraron en una lluvia de chispas y placas dobladas. Julián, guiado por los datos de la IA antigua, no luchó contra la vibración, sino que se sincronizó con ella. Utilizando el mapa de vulnerabilidades que había extraído del módulo, se desplazó hacia la única zona de la arena donde la estructura no estaba bajo estrés. Cada paso era un cálculo de vida o muerte.

—¡Imposible! —se escuchó un susurro furioso desde el estrado. Solís, al ver que el paria de los niveles bajos seguía en pie mientras los favoritos de la Academia se convertían en chatarra, aumentó la intensidad del campo de fuerza.

Julián sintió que su frame crujía. El sobrecalentamiento del brazo derecho amenazaba con sellar las articulaciones. Pero cuando el andamio principal, deliberadamente desestabilizado por Solís, se desplomó hacia el abismo, Julián no buscó refugio. Ejecutó un salto de torsión invertido, una maniobra que forzó sus servomotores hasta el límite de la ruptura, aterrizando con precisión quirúrgica en el pilar central que aún conservaba su integridad.

El silencio en las gradas fue absoluto. Julián proyectó el log de telemetría de su armadura sobre la pantalla central. Los números, claros y brutales, demostraban que su frame había operado dentro de los parámetros de seguridad, a pesar de la manipulación de la arena. La humillación de Solís era palpable; su plan para destruirlo públicamente se había convertido en la exhibición de su maestría. Los patrocinadores, antes indiferentes, comenzaron a intercambiar miradas. El paria no solo había sobrevivido; había forzado a la Academia a reconocer su competencia técnica.

Sin embargo, la victoria tenía un sabor amargo. Al cruzar la esclusa hacia la zona de transición del Nivel 4, el aire cambió. Ya no olía a ozono, sino a metal quemado y a olvido. Frente a él, en la penumbra del pasillo, se extendía un cementerio de frames de élite. Eran máquinas de alta gama, despojadas de sus núcleos y apiladas como basura. El módulo de IA en su Vanguard-04 reaccionó con una violencia inaudita, llenando su visión de advertencias antiguas. La Torre no estaba escalando escaladores; los estaba reciclando. Julián comprendió entonces que el Nivel 4 no era el siguiente paso en su ascenso, sino el lugar donde la Academia enterraba los secretos de su propia inestabilidad. La trampa de Solís apenas comenzaba.

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