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Chapter 5: Frecuencia de combate

Julián neutraliza un rastreador militar en su frame mediante una arriesgada maniobra de datos, pero descubre que la Directora Solís ha marcado su módulo de IA como un faro de rastreo. Mientras su fama crece tras la victoria en el Nivel 2, Julián se prepara para un Nivel 3 que se perfila como una trampa diseñada específicamente para destruir su Vanguard-04.

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Frecuencia de combate

El aire en el taller de Kael sabía a ozono y a metal recalentado. Julián Varga se desplomó contra el banco de trabajo, con las manos aún temblando tras desconectar el enlace neuronal del Vanguard-04. Cada latido le enviaba una punzada de dolor eléctrico a través del cráneo; el precio de forzar a la IA de la Era de la Fractura a ocultar sus rastros era una erosión constante de su propia estabilidad mental.

—Si no extraemos ese rastreador militar ahora, Solís tendrá tu ubicación exacta en diez minutos —sentenció Kael, sin apartar la vista de los monitores. Sus dedos volaban sobre el terminal, proyectando una cascada de datos cifrados que parpadeaban en rojo.

Julián apretó los dientes. El Vanguard, ahora una extensión de su voluntad, irradiaba una calidez febril. El rastreador, oculto en una capa profunda del procesador, se resistía, ejecutando un protocolo de borrado preventivo diseñado para destruir cualquier rastro de la IA prohibida. Si el virus tocaba el núcleo de navegación, el frame sería chatarra antes del amanecer.

—Usa el fragmento de la IA —ordenó Kael, su voz tensa por la urgencia.

Julián cerró los ojos y se sumergió en el código. No era programación convencional; era una arquitectura antigua y hostil que él obligaba a someterse. Con un último esfuerzo, forzó al módulo a crear un bucle de retroalimentación, engañando al rastreador para que creyera que el frame ya había sido desmantelado. El virus se apagó con un gemido electrónico. Julián colapsó, consciente de que su conexión con la IA estaba dejando cicatrices en su sistema nervioso.

Para ocultar la firma energética tras la cirugía, Julián se desplazó a las pasarelas de alta tensión del Nivel 2 mientras una tormenta eléctrica azotaba la Torre. El Vanguard-04 vibraba a su lado, sincronizándose con los rayos que golpeaban los ventanales reforzados. Kael le enviaba estática por el canal encriptado. Julián forzó el motor al límite; necesitaba que el sistema de vigilancia interpretara su consumo de energía como ruido de fondo. El calor residual era insoportable, una marca de fuego que le recordaba que su frame emitía una huella inconfundible para quien supiera buscarla.

Al regresar a los pasillos comerciales, la realidad le golpeó con la fuerza de su propia fama. Las pantallas de la Torre proyectaban su victoria contra el cadete de élite. Su rostro, oculto tras el casco, era el nuevo emblema de la disidencia.

—Tu cara está en todos los monitores —dijo Kael, vigilando la entrada—. Los patrocinadores de los niveles superiores huelen el éxito. Quieren saber qué optimización usaste.

Julián vio una oferta de patrocinio en un terminal público. Al tocarla, el cursor se bloqueó, dejando una estela de código: un rastreador de fase.

—Es un anzuelo, Julián —advirtió Kael, apartándolo del terminal—. La Academia está mapeando tu firma energética a través de la red de pagos.

Julián rechazó el dinero. Comprendió que en la Torre, la fama es una sentencia de muerte sin el poder para respaldarla. Sin embargo, al prepararse para el ascenso al Nivel 3 en la bahía de carga, el pánico se transformó en una claridad helada. Una anomalía en la frecuencia de sincronización del Vanguard-04 le indicó que algo andaba mal. No era un error de hardware. Era una firma de rastreo persistente, inyectada directamente en el registro de su última batalla por el servidor central de la Academia. Solís no solo lo vigilaba; lo estaba etiquetando. Cada vez que Julián intentaba aislar el nodo, la firma se ramificaba. La Directora había convertido su mayor ventaja —el módulo de IA— en un faro. Julián se quedó inmóvil, sintiendo el calor del motor vibrar en sincronía con su propia ansiedad, sabiendo que cada paso hacia el Nivel 3 era ahora un camino directo hacia la trampa personal que Solís le había tendido.

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