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Chapter 9: La caída de los ídolos

Mateo utiliza su control sobre el Piso 3 para repeler al escuadrón de élite de Vane en una transmisión pública. Valeria, al presenciar la integración total de Mateo con la Torre, abandona su postura hostil. La victoria fuerza la apertura del Piso 4, revelando la naturaleza industrial de la Torre.

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La caída de los ídolos

El zumbido del motor del Chatarra-7 ya no era el ronroneo agónico de un desguace; era un pulso metálico, rítmico, sincronizado con los latidos de Mateo. En el corazón del Cementerio de Prototipos, las luces del Piso 3 parpadeaban en un tono ámbar de advertencia, pero no para él. El sistema lo reconocía. Las compuertas de los hangares sellados, olvidadas por la historia de la Academia, se deslizaron con un gemido hidráulico, liberando una presión que Vane y sus inquisidores jamás habrían podido imaginar.

—Objetivo localizado. Código 0-Delta: Ejecución inmediata —la voz del Instructor Vane crepitó por la radio, fría, desprovista de cualquier rastro de la fachada académica.

Mateo no respondió. A través de la interfaz visual del Aegis-Zero, vio al escuadrón de élite avanzar entre las carcasas oxidadas de los mechs de clase Vanguardia. Eran cinco unidades de asalto, con el brillo inmaculado de los equipos subvencionados, moviéndose con la arrogancia de quienes nunca habían tenido que reparar sus propios sistemas bajo fuego. Mateo sintió el calor del núcleo de energía Vanguardia recorriendo sus venas; no era solo potencia, era una conexión neuronal directa con la arquitectura del nivel. Cuando los mechs de élite abrieron fuego, las balas trazadoras rasgaron el aire, pero Mateo no esquivó. Cerró los ojos un instante, dejando que su mente se expandiera hacia las paredes de la Torre. Reconocimiento de firma: Usuario Autorizado.

La respuesta fue instantánea. Una torreta defensiva, oculta bajo una montaña de escombros metálicos, giró con precisión letal. El primer disparo de la Academia impactó contra un campo de fuerza que surgió de la nada, un escudo de energía pura que el Piso 3 levantó a voluntad de Mateo. El impacto hizo vibrar toda la estructura, pero el Chatarra-7 permaneció intacto.

Valeria irrumpió en la zona de restos poco después, su frame de élite impecablemente pulido contrastando con el óxido milenario. Su rifle de plasma apuntaba directamente al pecho de Mateo.

—Baja las armas, Mateo —gritó por los altavoces, su voz distorsionada por la tensión—. Vane ha declarado el nivel como zona de purga. Si no entregas el Aegis-Zero, no dejarán ni una tuerca en pie.

Mateo la miró a través de los sensores. No había miedo, solo una claridad fría. —Diles que miren hacia arriba, Valeria —respondió él.

Con un gesto seco, Mateo forzó una sincronización total. La Torre respondió. Una pared de escombros reforzados se deslizó desde el techo, bloqueando el avance del escuadrón, mientras el suelo bajo los pies de los atacantes se volvía inestable, manipulado por la gravedad del núcleo. Valeria dio un paso atrás, su visor parpadeando al intentar procesar la anomalía. Ella vio, por fin, que el Chatarra-7 no era un desguace, sino la extensión de la arquitectura misma de la Torre. Valeria bajó el arma, su lealtad institucional fracturándose al comprender que Mateo no era un criminal; era el legítimo heredero de lo que ellos intentaban controlar.

El escuadrón de Vane intentó un ataque coordinado, pero Mateo, ahora conectado profundamente al núcleo, utilizó el entorno para sobrecargar sus sistemas. Los mechs de élite, incapaces de comprender la arquitectura que los rodeaba, vieron cómo sus sensores se volvían locos ante la manipulación de la energía ambiental. Una retirada humillante comenzó mientras la transmisión en vivo, hackeada por Mateo, mostraba a toda la ciudad cómo los 'héroes' de la Academia huían ante un desguazador que controlaba el nivel como si fuera su propio jardín. El rango de Mateo se disparó en el marcador público, rompiendo todos los algoritmos de la Academia.

Tras la retirada del escuadrón, la Torre reaccionó a la victoria. El Piso 3 se desbloqueó completamente, y una compuerta masiva, más grande que cualquier otra vista hasta el momento, comenzó a elevarse. No conducía a un pasillo, sino a un abismo de maquinaria a escala planetaria. Mateo sintió un vértigo existencial: la Torre no era una escuela, era una nave industrial dormida. Al cruzar el umbral hacia el Piso 4, dejó atrás la Academia, sabiendo que la verdadera lucha apenas comenzaba.

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