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Chapter 6: El umbral prohibido

Mateo utiliza su Rango 1000 y el módulo prohibido para forzar la apertura del Piso 3, un nivel sellado y olvidado por la Academia. Dentro, descubre un cementerio de prototipos y absorbe un núcleo de energía de clase Vanguardia, consolidando su poder y dejando atrás la autoridad de Vane.

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El umbral prohibido

El aire en el Campo de Pruebas se volvió metálico, cargado de estática y ozono. Mateo sintió el zumbido del Chatarra-7 vibrando contra su propia columna vertebral, una sintonía dolorosa que indicaba que el frame estaba drenando energía directamente de la estructura de la Torre. Frente a él, el instructor Vane tenía la cara desfigurada por una mueca de incredulidad, sus dedos golpeando frenéticamente una consola de mando de grado militar.

—¡Corten el suministro! —bramó Vane, su voz rompiendo la tensión del público que observaba desde las gradas superiores—. ¡Ese bastardo está drenando el núcleo del sector! ¡Desconecten su acceso por la fuerza!

Valeria, a pocos metros, mantenía su mech inmovilizado, observando con ojos analíticos cómo el Rango 1000 de Mateo parpadeaba en el neón de la arena, desafiando cualquier comando de expulsión que Vane intentara inyectar en el sistema. El Chatarra-7 no solo resistía; estaba absorbiendo los protocolos de seguridad como si fueran combustible de alta calidad.

—El sistema no responde a tus órdenes, instructor —respondió Mateo, su voz amplificada por los altavoces, resonando con una frialdad que ocultaba su esfuerzo físico. Cada segundo dentro del habitáculo se sentía como si le estuvieran limando los huesos, pero la pantalla de estado mostraba una progresión clara: su frame estaba mutando. La Torre, lejos de castigarlo, reconocía la anomalía de su módulo como una llave maestra.

Mateo no esperó a que Vane intentara otra maniobra desesperada. Ignorando las advertencias de los drones de seguridad que zumbaban como avispas metálicas, giró el Chatarra-7 hacia la plataforma de acceso al Piso 3. El panel de control, normalmente una interfaz estéril, parpadeaba con un código de error carmesí: ACCESO RESTRINGIDO POR ANOMALÍA DE FIRMA.

—No te atrevas —murmuró Valeria, acercándose con su mech, su voz carente de la burla habitual—. Si fuerzas esa puerta, el sistema no te va a expulsar, Mateo. Va a purgarte. Es un suicidio técnico.

Mateo no respondió. Hundió su mano enguantada en la ranura de datos. El módulo prohibido en el pecho del mech pulsó con una intensidad gélida, forzando la apertura. Un estruendo hidráulico sacudió la estructura y, ante los ojos de toda la Academia, la puerta prohibida se deslizó, revelando un vacío iluminado por luces de neón que desafiaba la arquitectura conocida.

Al cruzar el umbral, el silencio fue absoluto. El Piso 3 no era un nivel de combate convencional; era una necrópolis de metal. Filas interminables de prototipos de élite, desechados por la Academia, yacían como cadáveres de acero. El Chatarra-7 comenzó a resonar en sincronía con los restos, absorbiendo frecuencias residuales que le devolvían la integridad estructural a costa de la vitalidad física de Mateo.

Sus manos temblaban sobre los controles. La fatiga lo golpeaba como un martillo, pero al adentrarse en el cementerio, encontró un núcleo de energía intacto incrustado en un prototipo de clase 'Vanguardia'. En ese instante, los sistemas defensivos residuales del nivel se activaron. Centinelas sin piloto, animados por protocolos antiguos, dispararon sus cañones de riel.

Mateo no luchó contra el sistema; lo devoró. Integró el núcleo del prototipo a su propio frame, forzando una evolución estética y funcional que hizo que el Chatarra-7 brillara con un azul eléctrico prohibido. Con su armadura regenerada y el sistema de la Torre completamente sincronizado con su firma, Mateo se preparó para avanzar. Ya no era un desguazador; era el dueño de la llave que la Torre había intentado ocultar. El siguiente nivel lo esperaba, y la Academia, por primera vez, no tenía el poder de detenerlo.

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