Compensación emocional
El aire dentro del coche blindado se sentía más denso que en el salón de gala. Elena se quitó los pendientes de diamantes, depositándolos en su regazo con un chasquido metálico que rompió el silencio. A su lado, Julián permanecía inmóvil, con la mirada fija en el flujo de luces de la Ciudad de México que pasaban velozmente fuera del cristal. La caída de Sofía no había sido un evento explosivo, sino una ejecución quirúrgica; una serie de datos financieros presentados ante Don Ricardo que habían dejado a la heredera sin aliados y sin discurso.
—No volverán a subestimarte —dijo él, sin mirarla. Su voz, habitualmente cortante, ahora sonaba despojada de su habitual prepotencia. Elena giró el rostro, observando el perfil afila
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