La trampa de Sofía
El despacho de Julián conservaba el aroma a cuero tratado y el zumbido eléctrico de los servidores trabajando al límite. Elena no se sentó. Permaneció frente al ventanal que dominaba el skyline de la Ciudad de México, observando las luces como piezas en un tablero de ajedrez que ella estaba a punto de volcar.
—El Proyecto Ceniza no es solo un fraude, Julián —dijo, sin girarse—. Es una guillotina diseñada para que tú sostengas la soga y la junta directiva deje caer la hoja. Si no entregamos los documentos correctos mañana en la gala, seremos los chivos expiatorios antes del amanecer.
Julián, sentado tras su escritorio de caoba, dejó de escribir. Su rostro era una máscara de frialdad imperturbable, pero sus dedos, apreta
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