El precio de la lealtad
El despacho de Julián en el piso cincuenta no era una oficina; era una cámara de vacío donde el oxígeno se medía en términos de poder. Afuera, Ciudad de México palpitaba bajo una lluvia fina, un mar de luces indiferentes. Adentro, el silencio entre ellos era un arma cargada. Elena dejó caer el expediente del 'Proyecto Ceniza' sobre la mesa de caoba. El sonido seco, como un disparo, rompió la atmósfera gélida.
—Arturo no es el único que busca una salida, Julián —dijo ella, su voz desprovista de la vulnerabilidad que él solía esperar de sus peones—. La junta dire
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