Cena de sombras
El aire en la terraza del Club de Industriales era una mezcla asfixiante de perfume caro, tabaco y la presión invisible de mil ojos escrutadores. Elena se apoyó contra la balaustrada de piedra, sintiendo el frío del mármol a través de la seda de su vestido. A pocos metros, Julián conversaba con un grupo de inversores. Su postura era impecable, pero Elena, que ahora conocía cada arista de su frialdad, notó la tensión en su mandíbula. Él estaba pagando el precio de su protección: su imagen de invulnerabilidad se resquebrajaba para sostener la de ella.
—Es una lástima que te conformes con las migajas de un imperi
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