La máscara se agrieta
El despacho de Julián Varela no era una oficina; era un tablero de ajedrez donde el oxígeno se sentía racionado. Elena dejó caer el legajo azul sobre la mesa de caoba. El 'Proyecto Ceniza' estaba allí, despojado de su aura de secreto corporativo, revelando la arquitectura de su propia ruina financiera.
—Tu división de inversiones ahora responde ante mí —dijo Elena, manteniendo la voz nivelada. Sus dedos tamborilearon sobre la cubierta—. Los números no mienten, Julián. Ni la firma que autorizó la liquidación de mi fideicomiso.
Julián se reclinó, observándola con una cautela que antes le habría parecido una amenaza, pero que ahora, tras la firma del contrato, reconocía como un respeto forzado. Ya no era la novia su
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