La ruptura del contrato
La luz del amanecer cortaba el cristal de la mesa como un bisturí. Elena depositó el contrato original —el de 2018, con las firmas todavía húmedas de tinta negra en los bordes— justo en el centro del rectángulo transparente. No lo soltó de inmediato. Sus dedos se quedaron un segundo más de lo necesario sobre el papel que había sido su jaula y su arma al mismo tiempo.
Julián estaba de pie al otro lado de la mesa, camisa abierta en el primer botón, sin corbata, sin chaqueta. Había dormido menos de tres horas; las ojeras lo delataban, pero su postura seguía siendo la de quien controla la habitación aunque ya no controle el tablero.
—No lo vas a leer otra vez —dijo ella, voz baja pero sin temblor—. Ya lo memorizamos los dos.
Él no respondió. Solo miró el documento como si todavía pudiera calcular el costo exacto de quemarlo.
Elena sacó el encendedor del bolsillo de su blazer. Era el mismo que Julián usaba para encender los cigarros que ya casi no fumaba. Lo había tomado de la mesita del vestíbulo sin pedir permiso. Ahora lo sostenía como si fuera la última pieza de un rompecabezas que por fin encajaba.
—Cuando esto desap
Preview ends here. Subscribe to continue.