El costo de la victoria
Elena abrió los ojos antes de que el sonido la alcanzara del todo. El teléfono vibraba contra la mesita de mármol como un insecto atrapado en vidrio. La hora en la pantalla marcaba 4:17 a.m. Tres horas desde que habían abandonado la gala, tres horas desde que las luces se apagaron sobre los rostros humillados de Valente y Camila de la Vega. Se incorporó lentamente. El lado de la cama de Julián seguía intacto, las sábanas frías. No había dormido allí.
Deslizó el dedo para desbloquear. Un número bloqueado. Un único mensaje. «Felicidades por tu victoria de salón. Ahora mira lo que cuesta.» Debajo, tres fotografías. La primera: una captura de pantalla de una transferencia bancaria internacional. 87 millones de dólares. Destino: una cuenta en Islas Caimán. Autorización: firma digital de Julián Salazar. Fecha: 22:43 de esa misma noche. La segunda: el organigrama interno de Andinas Holding, la subsidiaria minera que representaba el 34 % del flujo de caja operativo del grupo. En rojo, un recuadro: Control accionario transferido a fideicomiso ciego – beneficiario no identificado. La tercera imagen era la más limpia y la más cruel: un correo electrónico interno reenviado. Asunto: Ejecución inmediata – Protocolo Andinas. Remite
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