Protección a cualquier precio
El aire en el garaje subterráneo del complejo de Julián Varela no tenía la pureza climatizada del ático; olía a concreto húmedo, aceite quemado y a una fatalidad que Elena había estado eludiendo durante semanas. Sus tacones resonaban con una precisión quirúrgica sobre el pavimento, un sonido que ella misma sentía como una diana colocada sobre su espalda. Necesitaba ese archivo, la pieza final que vinculaba a los Villavicencio con el desfalco sistemático de las cuentas de su padre, escondida en el compartimento secreto de su vehículo.
Al llegar a su plaza, el silencio se rompió con el chirrido metálico de una puerta de
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