La última gala
El salón de baile del Hotel St. Regis no era solo un espacio; era el teatro donde, meses atrás, Elena Valdés había sido borrada de la historia familiar. Ahora, el aire se sentía diferente. No había rastro de la humillación que la había expulsado al exilio. Elena entró del brazo de Julián Varela, su vestido de seda negra cortando la luz de las lámparas como una hoja de obsidiana. No era una invitada; era la dueña del tablero.
Julián se detuvo un instante, su mano firme en la cintura de e
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