Más allá del contrato
El lunes amaneció sobre la Ciudad de México con una claridad quirúrgica. Desde el ventanal del piso cuarenta, la metrópoli parecía una maqueta de cristal, un tablero de ajedrez donde las piezas de los Valdés ya habían sido retiradas por la mano invisible de Elena. Ella no miraba el paisaje; observaba su reflejo en el vidrio, ajustando los gemelos de su blazer con una precisión que no dejaba lugar a la duda. Ya no era la invitada olvidada; era la arquitecta de la caída.
Julián entró en la estancia sin hacer ruido. Se detuvo a unos pasos, o
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