Bajo la mirada pública
El salón principal de la gala benéfica no era un espacio de caridad, sino un mercado de futuros donde la reputación de Julián Varela cotizaba a la baja. Elena Valdés, enfundada en un vestido de seda medianoche que cortaba el aire como una hoja, sentía el peso de las miradas. No eran ojos de compasión; eran sensores de presión, calculando cuánto tardaría la "sustituta" en quebrarse bajo el escrutinio de la élite de la Ciudad de México.
Julián, a su lado, mantenía una mano firme sobre su cintura. No era un gesto de afecto, sino un anclaje táctico. Su mandíbula, tensa hasta el dolor, delatab
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