La elección
El aire en la oficina de Julián Varela era un vacío gélido, una atmósfera de alta presión diseñada para que nadie se atreviera a respirar demasiado fuerte. Elena no buscaba oxígeno; buscaba respuestas. Dejó caer el sobre manila sobre la caoba pulida con una precisión quirúrgica. El golpe seco resonó como un disparo en la inmensidad de la Torre Varela.
—Tres meses, Julián —dijo ella. Su voz no temblaba; había aprendido a despojarla de la fragilidad que él solía esperar de sus inversiones—. Compraste la deuda de mi padre tres meses antes de la gala. Antes de que nos conociéramos. Antes de qu
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