Secretos y verdades
El despacho de Julián en la Torre Varela no era un lugar de trabajo; era un santuario de caoba y cristal donde se decidía el destino de miles de empleados. Elena entró sin llamar, el sonido de sus tacones sobre el mármol marcando un ritmo de guerra. Sobre el escritorio, dejó caer un sobre manila. El golpe seco fue el único preámbulo que permitió.
—Tres meses, Julián —dijo ella. Su voz no temblaba; estaba afilada por la frialdad de la traición—. Compraste la deuda de los Valdés tres meses antes de la gala. Antes de que nos conociéramos, antes de que el escándalo fuera público. Me ofreciste ese contrato como un
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