Sombras en el contrato
El despacho de Julián Varela, en el piso cincuenta de la torre corporativa, era un santuario de caoba y silencio. Para Elena, sin embargo, se sentía como el interior de una caja fuerte donde ella era el activo más volátil. Sobre el escritorio, los documentos que había extraído de la caja fuerte de su padre no eran simples papeles; eran la cartografía de su propia caída. Había rastreado las transferencias: meses antes de la gala, meses antes de que Julián apareciera como su salvador, él ya había comprado cada una de las deudas de su familia. No la rescató; la adquirió.
La puerta se abrió con una suavidad que delataba el control absoluto de quien la operaba. Juli
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