Intereses emocionales
El comedor de la mansión Varela no era un espacio para alimentarse, sino un tribunal de mármol y plata. Elena sentía el peso de las miradas de Beatriz y Ricardo, los tíos de Julián, cortando el aire con la misma precisión que sus cubiertos sobre la ternera. Cada segundo en esa mesa era una prueba de resistencia.
—Elena, querida —la voz de Beatriz era un hilo de seda con púas—. Julián siempre ha tenido un gusto exquisito por lo inalcanzable, pero el legado de los Varela no es un museo para piezas dañadas. ¿Cómo planeas compensar el daño reputacion
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