Secretos de familia
La amenaza del patriarca
Julián empujó la puerta de caoba de la biblioteca sin golpear. El olor a cuero viejo y tabaco cubano lo golpeó antes que la voz.
—Llegas tarde —dijo Don Ricardo desde el sillón de respaldo alto, sin levantar la vista del legajo que sostenía—. La gala terminó hace dos horas. Pensé que te habrías detenido a saborear tu pequeño triunfo ante las cámaras.
Julián se detuvo a tres pasos del escritorio. La luz de la lámpara de banquero cortaba el rostro de su padre en dos: la mitad iluminada, severa; la otra sumida en sombra.
—No era un triunfo —respondió con voz pareja—. Era contención de daños.
Don Ricardo giró el documento hacia él. Una sola hoja, membrete del despacho jurídico interno de De la Vega Holdings, membrete negro sobre crema. En la parte superior, en tipografía sobria: Solicitud de Nulidad Matrimonial – Cláusula de Incumplimiento Voluntario.
—Firma aquí —ordenó el patriarca, señalando la línea con el dedo índice—. Antes de que el consejo se reúna en sesenta y cuatro horas. Antes de que tu… esposa tenga tiempo de vender la historia a la prensa amarilla.
Julián no se movió.
—¿Desde cuándo tienes preparado el documento?
—Desde el día que firmaste el anexo 4.2 sin leer la letra chica —Don Ricardo sonrió apenas, una línea fina y fría—. Siempre supe que llegarías a encariñarte. Eres débil en eso. Como tu madre.
El nombre cayó como un guante en el silencio. Julián sintió el músculo de la mandíbula contraerse.
—No menciones a mamá en esta conversación.
—Entonces no me obligues a recordarte por qué ella perdió el derecho a este apellido. —Don Ricardo se inclinó hacia adelante—. Elena Valdés no es diferente. Es deuda. Es un activo que compraste en preventa. Y ahora que empieza a gustarte el sabor, quieres quedártelo. Pero el testamento no permite caprichos sentimentales.
Julián apoyó las palmas en el borde del escritorio. El cuero crujió bajo sus dedos.
—El testamento original dice que debo c
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