El precio de la protección
Los flashes de los fotógrafos estallaron como metralla contra la puerta lateral del salón de gala. El aire gélido del pasillo de servicio golpeó la piel de Elena Valdés, pero no fue suficiente para apagar el calor de la humillación que le subía por el cuello. Detrás, el murmullo de la alta sociedad se había transformado en un rugido de hienas: preguntas sobre la malversación de su padre, sobre su ruina inminente, sobre la caída definitiva de los Valdés.
Julián de la Vega no permitió que el caos la alcanzara. Su mano
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