El juicio del Maestro
El zumbido del sistema de la arena era el sonido de una guillotina a punto de caer. Elian Vark permanecía en el centro del círculo, con los músculos tensos y el sudor frío recorriéndole la nuca. A pocos metros, el cuerpo derrotado de Kaelen —el quinto clasificado— yacía inerte. Sobre la cabeza de Elian, el holograma de su rango parpadeaba en un rojo violento: 290 (BLOQUEADO: ANOMALÍA DE ORIGEN).
—Elian Vark —la voz del Maestro Kael resonó desde el palco de jueces, fría y desprovista de calidez—. Tu firma energética ha violado los protocolos de integridad de la Academia. La purga de anomalías es automática. Tienes diez segundos antes de que el núcleo de la arena disipe tu esencia.
Elian sintió un tirón en el pecho. La purga no era un castigo administrativo; era un borrado físico. Valeria Sol, desde las gradas superiores, observaba con una sonrisa gélida, sus manos entrelazadas sobre su regazo. Para ella, Elian ya era un cadáver. El tiempo marcaba el ritmo de su propia extinción: nueve, ocho, siete. Elian cerró los ojos y se sumergió en su núcleo, ese espacio inestable que había hackeado con tanto costo. En lugar de resistirse, inyectó la firma de su maná prohibido directamente en el flujo de datos de la arena. El sistema, confundido por la inyección de una energía que no debería existir, entró en un bucle de error crítico. Las luces rojas se tornaron ámbar. El zumbido de la purga se ahogó en un chirrido metálico. Elian cayó de rodillas, agotado, mientras el sistema marcaba su estado como 'Inestable', atrayendo la atención total de los observadores del Top 10.
Minutos después, el aire en la oficina privada del Maestro Kael era denso, saturado con el ozono metálico de los artefactos de monitoreo que zumbaban en las paredes. Elian permanecía de pie frente al escritorio de caoba, con los nudillos blancos de tanto apretar los puños.
—El sistema no bloquea por capricho, Elian —dijo Kael, sin levantar la vista de un pergamino electrónico que brillaba con una luz azul gélida—. Bloquea porque tu firma energética es una anomalía que amenaza con derribar la jerarquía de la Aguja de Cristal. Has demostrado ser un activo, pero eres un activo peligroso.
Elian sintió el peso de la deuda de 450 créditos presionando su pecho como una losa de plomo. El amanecer marcaría el fin del ciclo de pago, y sin el acceso a los mercados de recursos que su rango bloqueado le negaba, la expulsión no era una posibilidad, sino una sentencia dictada.
—No soy un error —respondió Elian, su voz fría—. Soy el único que ha descubierto cómo extraer eficiencia de los artefactos que ustedes consideran chatarra. Si me expulsan, la facción de Valeria se encargará de que la ineficiencia de la Academia sea total.
Kael dejó el pergamino. Sus ojos, afilados como cuchillas, se fijaron en Elian. —Te ofrezco un trato: borraré tu deuda y desbloquearé tu rango a un nivel de élite provisional. A cambio, te convertirás en mis ojos dentro de la facción externa. Espiarás a Valeria y me informarás de cada movimiento. Si fallas, el sistema no solo purgará tu energía, sino tu existencia entera.
Elian aceptó, guardando una copia de la firma de energía de Kael como seguro, aunque el sabor a traición le quemaba la garganta. Al salir de la oficina con su nuevo estatus, se encontró con Valeria Sol en el pasillo central. Ella estaba recostada contra un pilar de obsidiana, con los brazos cruzados.
—El rango de élite no te salvará, Elian —dijo Valeria, ignorando el brillo de su nuevo estatus—. Eres un parche temporal. El Top 10 ya ha votado.
Elian no se detuvo. Al pasar junto a ella, su firma energética, ahora sincronizada con los nodos de nivel élite, le permitió percibir algo que Valeria desconocía: el sistema estaba vibrando con una frecuencia de colapso inminente. Kael no solo estaba monitoreando; estaba acelerando el final. Elian comprendió entonces que la purga total de la facción externa había comenzado, y él era la única pieza capaz de detener la implosión de la Academia antes de que todo se convirtiera en cenizas.