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Chapter 7: Alianzas incómodas

Elian intenta asegurar un aliado estratégico en Silas, un informante endeudado, para exponer la manipulación de recursos de Valeria Sol. Sin embargo, Silas lo traiciona ante los ejecutores de la facción de Valeria. Elian logra escapar tras sobrecargar un sensor de rango, pero queda expuesto ante el consejo estudiantil, confirmando que la red de Valeria es más profunda de lo que pensaba.

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Alianzas incómodas

El zumbido en los canales de energía de Elian Vark no era solo una sensación; era una cuenta regresiva. Tras consumir el nodo prohibido para sobrevivir a la purga de media temporada, su cuerpo se sentía como un cristal fracturado. Había alcanzado el rango 290, pero el costo era una firma energética que brillaba ante los sensores de la Academia como una antorcha en la oscuridad. Tenía cinco días antes del cierre del ciclo estacional, y cada segundo era una oportunidad para que el Maestro Kael lo desmantelara.

Elian caminaba por el corredor de obsidiana, evitando el contacto visual con los estudiantes de élite. Su rango 290 era una cifra precaria, un número que le otorgaba acceso a los niveles inferiores, pero que lo convertía en un blanco móvil para la facción de Valeria Sol.

—Vark —la voz de Kael resonó, gélida y precisa. El instructor bloqueaba el paso, con los brazos cruzados sobre su túnica gris. No había rastro de la habitual frialdad burocrática; sus ojos escaneaban a Elian con una intensidad depredadora.

—Maestro —respondió Elian, manteniendo la cabeza baja, calculando la distancia de seguridad.

—Tu firma energética es errática, Elian. Demasiado pura para alguien de tu historial. Sé que ocultas una técnica prohibida. Si el Consejo audita tu núcleo, no habrá purga que te salve, sino una expulsión permanente. Estás bajo vigilancia directa.

Kael se retiró, dejando la advertencia suspendida en el aire. Elian sabía que no era una amenaza vacía; era un ultimátum. Necesitaba un escudo, alguien dentro de la maquinaria de la Academia que pudiera desviar la atención de Kael y, preferiblemente, proporcionarle acceso a los registros de flujo de maná de Valeria.

En la Biblioteca de Datos, encontró a Silas. El estudiante de rango 250 tamborileaba los dedos sobre un terminal, sus ojos inyectados en sangre delatando el pánico de un hombre ahogado en deudas de juego. Silas era un carroñero, un informante que vendía secretos de la facción de Valeria al mejor postor.

—Estás pidiendo acceso a los registros de flujo de maná de la facción de Valeria —susurró Silas, con una sonrisa codiciosa—. Eso no es una consulta, es un suicidio.

—No te pido que robes, Silas —replicó Elian, bajando la voz—. Solo que observes la próxima fluctuación en los nodos del Sector Oeste. Sé que Valeria está desviando créditos de las becas para inflar su rango. Si me das la prueba, yo te doy la cobertura para borrar tus deudas con los prestamistas del mercado negro. Tengo el conocimiento para hackear el nodo que ellos usan para blanquear el exceso.

Silas vaciló. La codicia, alimentada por el miedo a sus acreedores, venció a la prudencia. —Trato hecho. Mañana, en el Atrio Central.

El encuentro al día siguiente se sintió como una trampa desde el primer paso. Elian ajustó su túnica, sintiendo el vacío donde antes latía la energía del nodo. Silas lo esperaba junto a la fuente, pero su postura era demasiado rígida, sus ojos evitaban el contacto.

—Tengo la información —dijo Elian, acercándose—. Si me das el sello de acceso, podemos exponer su manipulación antes del cierre del ciclo.

Silas no respondió. En lugar de sacar el sello, levantó la barbilla hacia las columnas superiores. Tres ejecutores de la facción de Valeria, con las insignias de rango dorado brillando, emergieron de las sombras.

—Elian, lo siento —murmuró Silas, retrocediendo—. Me ofrecieron borrar mi deuda. No tengo otra opción.

La traición golpeó con la frialdad de un invierno forzado. Elian no perdió tiempo en reproches. Sabía que los ejecutores no buscaban una pelea, sino su expulsión inmediata frente a los testigos del Consejo. Utilizando el último rastro de energía residual de su cuerpo, Elian sobrecargó un sensor de rango cercano. Un estallido de estática azul cegó a los presentes y desestabilizó los registros de los ejecutores, creando el caos necesario para huir.

Mientras corría por los pasillos laterales, el peso de la realidad se hizo insoportable. No solo era un fugitivo académico, sino que la traición de Silas confirmaba que la facción de Valeria controlaba incluso a los peones del sistema. Elian estaba solo, sin recursos, y con el Consejo Estudiantil a punto de cerrar el cerco sobre su cuello.

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