El eco de la deuda
El aire en la sastrería se sentía pesado, saturado con el olor a sándalo y el rastro metálico de la naftalina. Matías apretó la escritura de propiedad contra su pecho; el papel, grueso y oficial, era una anomalía en aquel taller de costuras remendadas. Afuera, el silencio del barrio no era paz, sino una contención forzada. El paso rítmico de los 'enterradores' de Alarcón sobre el asfalto marcaba un compás de ejecución.
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