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Chapter 6: Chapter 6

Mateo se prepara para el duelo de exhibición mientras su salud se deteriora por la simbiosis con el prototipo. Valeria intenta intimidarlo con una inspección, pero Mateo se mantiene firme. Silas descubre un sabotaje en los protocolos de seguridad del armazón, revelando que la Academia está manipulando los sistemas de Mateo para asegurar su fracaso en la pista.

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Chapter 6

El zumbido del Chatarrero-7 no era un sonido mecánico; era un lamento de alta frecuencia que le taladraba el cráneo a Mateo. Una gota de sangre, espesa y oscura, cayó sobre el panel de control, fundiéndose con el brillo azulado de los indicadores. Mateo no se la limpió. Sus manos, enguantadas y rígidas, apenas lograban mantener el pulso sobre los mandos de inercia.

—Detente, Mateo. Estás quemando tus sinapsis antes de que el duelo siquiera empiece —la voz de Silas retumbó desde la consola de diagnóstico, áspera y cargada de una urgencia que no intentaba ocultar. El viejo mecánico golpeó la mesa con una llave inglesa, el eco metálico rebotando en el taller—. Ese núcleo no es una batería, es un parásito que se alimenta de tu tejido cerebral. Si sigues forzando la sincronización, el Tribunal de la Academia no tendrá que desguazarte; tu propio cuerpo se encargará de apagarse.

Mateo no respondió. Sus dedos, apoyados sobre la palanca de mando, seguían temblando con un espasmo incontrolable. El cronómetro en la pared marcaba 72 horas. Si perdía el duelo de exhibición, su licencia de piloto sería revocada y la deuda de 4.8 millones heredada de su familia se convertiría en una sentencia de servidumbre perpetua. Sin decir una palabra, extrajo un supresor de dolor ilegal de su bolsillo y lo inyectó en su antebrazo. El temblor cesó, pero el zumbido en su cabeza se transformó en un grito agudo.

La puerta del taller se deslizó con un silbido hidráulico. Valeria entró, una mancha de blanco impoluto contra la mugre industrial del sector. Sus ojos recorrieron el Chatarrero-7 con una mezcla de desdén y una curiosidad depredadora que a Mateo le erizó la piel.

—Inspección de seguridad, Mateo —dijo ella, ignorando a Silas, quien se había interpuesto entre ella y el núcleo—. La Academia ha detectado anomalías en tu firma de energía. Retira tu candidatura del duelo de exhibición y quizás pueda convencer al comité de que no confisquen este montón de chatarra.

Mateo se puso en pie, tambaleándose.

—No es chatarra, Valeria. Es lo único que te impide dormir tranquila. Sabes que si entro en esa arena, tu récord perfecto será solo un recuerdo. Vete antes de que el sistema de seguridad detecte tu intrusión.

Valeria apretó los labios, su máscara de frialdad agrietándose.

—Te estás destruyendo por un orgullo que no puedes pagar. Cuando el armazón falle en la pista, nadie vendrá a recoger tus piezas.

Tras su partida, Mateo regresó a la cabina para un simulacro final. El Chatarrero-7 respondió con una potencia inaudita, pero la retroalimentación sensorial fue brutal. Mientras ejecutaba una maniobra de rotación lateral que desafiaba la inercia, el mundo se volvió negro. Recuperó la consciencia minutos después, con el sabor a hierro en la boca. El sistema de diagnóstico mostraba una alerta crítica: el núcleo estaba empezando a tomar el control de sus funciones motoras.

Silas, al ver los registros, se puso pálido.

—Alguien ha alterado los protocolos de seguridad. Han inyectado un retraso de milisegundos en los servomotores. Es un sabotaje, Mateo. Si intentas forzar la velocidad en el duelo, el armazón se bloqueará en el momento crítico, dejándote expuesto frente a toda la Academia.

Mateo sintió el peso de la trampa. La Academia no buscaba una victoria limpia; buscaban su ruina. La rabia le quemó el pecho. Si el sistema quería que perdiera, él quemaría el sistema desde adentro. Activó el prototipo al 100%, ignorando las advertencias de riesgo neuronal que parpadeaban en su visor. La luz del núcleo inundó el taller, mientras el contador de deuda parpadeaba, marcando el inicio de la cuenta regresiva final. El dolor era una constante, una elección necesaria entre ser un desecho o ser un piloto.

De repente, una alerta roja parpadeó en la consola principal: Acceso no autorizado detectado en el bus de datos del armazón. Alguien estaba bloqueando sus sistemas de estabilización de forma remota. El sabotaje no era una amenaza futura; ya estaba ocurriendo.

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