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Chapter 7: Chapter 7

Mateo purga el sabotaje de la Academia a costa de un grave daño neuronal, confronta a Valeria tras enterarse de que su deuda ha sido vendida a un consorcio privado, y finalmente, utiliza una técnica prohibida para anular un bloqueo remoto en la plataforma de lanzamiento, enfrentando las consecuencias de una deuda inmanejable y un sabotaje institucional inminente.

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Chapter 7

El aire en el taller clandestino de Silas sabía a ozono y a hierro viejo. Mateo, con la sangre aún seca formando una costra oscura bajo su nariz tras la última sesión de calibración, se desplomó sobre el asiento de mando del Chatarrero-7. Su visión oscilaba, convirtiendo las herramientas dispersas en manchas borrosas. Apenas setenta y dos horas lo separaban del duelo de exhibición que decidiría si su licencia de piloto Élite era revocada definitivamente.

—El bus de datos está infectado, Mateo —la voz de Silas sonó desde el exterior, áspera y cargada de una urgencia que no intentaba ocultar—. No es un error de software. Es una firma de la Academia. Un caballo de Troya diseñado para colapsar los estabilizadores inerciales en el momento preciso en que alcances la velocidad crítica. Si intentas purgarlo por la vía estándar, el sistema detectará la intrusión y bloqueará el núcleo permanentemente. Nos desguazarán antes de que llegues a la rampa de salida.

Mateo apretó los controles. Los guantes de interfaz, desgastados por años de uso, vibraron con una frecuencia parásita. Sentía el núcleo del prototipo bajo sus pies, una presencia antigua y hambrienta que latía en sincronía con sus propias sienes. Cada vez que intentaba aislar el sector dañado, una punzada eléctrica le recorría la columna vertebral. La elección era brutal: permitir que el sabotaje lo dejara inerte frente a la junta, o realizar una conexión neuronal directa y peligrosa, arriesgándose a un daño cerebral permanente para purgar el sistema desde la raíz. Mateo cerró los ojos y, sin dudar, forzó la sincronización. El dolor fue una descarga blanca que le quemó la consciencia, pero en la penumbra del bus de datos, vio el código malicioso disolverse bajo la presión de su voluntad.

Al día siguiente, el hangar de Élite de la Academia era una afrenta a la pulcritud de los armazones de alta gama. Mateo se limpió un hilo de sangre espesa que le resbalaba por el labio, ocultando el pañuelo en el bolsillo de su mono antes de que Valeria pudiera notarlo. La heredera caminaba entre los mechas con una cadencia deliberadamente intimidante.

—El Chatarrero-7 se ve patético, Mateo —dijo ella, deteniéndose ante el chasis que aún emitía un siseo eléctrico—. Casi puedo oír el metal suplicando por un desguace honorable.

Mateo no se inmutó, aunque el zumbido en sus oídos le dificultaba enfocar. —Es una reliquia que aún puede dejarte en ridículo frente a las gradas —respondió él con voz ronca—. ¿A qué has venido? ¿A medir la profundidad de mi deuda o a intentar comprar mi silencio por segunda vez?

Valeria dejó escapar una risa fría. —Tu deuda ya no es un problema de la Academia. La he comprado a través de un consorcio privado. Ahora, eres propiedad de intereses que no tienen la paciencia que yo he tenido. Si fallas, el desguace será el menor de tus problemas.

Mateo soltó una carcajada seca, revelando una verdad que la sacudió: —Sé que tú autorizaste las trabas administrativas, Valeria. Tu arrogancia es tu mayor vulnerabilidad. Cuando gane mañana, tu dinero no servirá de nada contra la evidencia de mi ascenso.

Se retiró dejando a Valeria visiblemente tensa, pero el esfuerzo le pasó factura; un nuevo hilo de sangre brotó de su nariz, manchando el suelo del hangar. El costo de su progreso era cada vez más insostenible.

El día del duelo, la plataforma de lanzamiento era una olla a presión de ozono y miedo. Mateo se deslizó en la cabina, sintiendo cómo el metal oxidado se clavaba en sus vértebras. Faltaban minutos para la cuenta regresiva, y el sistema de diagnóstico, un holograma azul enfermizo, le devolvía un error fatal: «Acceso a estabilizadores denegado. Bloqueo remoto activo».

—Silas, no responden —susurró Mateo, con la voz quebrada por el sabor metálico de la sangre—. Es un bloqueo de nivel administrativo. Valeria ha cerrado el bus principal.

—Lo sé —respondió Silas, su voz saturada por el ruido de las herramientas—. Quieren que te quedes ahí, como un monumento a la incompetencia.

Mateo no respondió. Sentía el calor del prototipo bajo sus pies, una energía antigua y hambrienta. Decidió usar la técnica prohibida, puenteando la seguridad mediante la sobrecarga del núcleo. El armazón rugió, rompiendo los candados digitales con una energía que no debería existir en un modelo de serie. Sin embargo, mientras los sistemas de la Academia colapsaban bajo la intrusión, el contador de su deuda parpadeó en rojo sangre, sumando millones en costos de emergencia. El duelo comenzaba, pero la verdadera batalla apenas iniciaba: su deuda había sido adquirida por un patrocinador desconocido, y la Academia acababa de enviar un comando de bloqueo total justo antes de la prueba de rango.

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