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Chapter 9: La caída de los ídolos

Mateo y Valeria exponen la naturaleza de la Academia como granja de selección artificial durante un torneo público. La revelación rompe la fachada de la institución, convirtiendo a ambos en fugitivos con una sentencia de ejecución de 24 horas.

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La caída de los ídolos

El zumbido de los drones de vigilancia, una frecuencia aguda que perforaba los tímpanos, era el único sonido en el nivel de mantenimiento. Mateo Vega consultó el contador proyectado en su antebrazo: ocho horas. Ese era el tiempo que le quedaba antes de que el protocolo de purga de la Academia borrara su existencia, tanto física como digital. A su lado, oculta tras una tubería de refrigeración que goteaba condensación, Valeria Solís observaba las pantallas con una rigidez que rozaba el dolor.

—Si esta información llega a la red pública, no es solo mi rango lo que perderé —susurró Valeria. Su mano, impecablemente enguantada, temblaba al sostener el chip de datos. Los planos del experimento estaban ahí, una condena a muerte para ambos—. Mi familia ya ha emitido una orden de captura. Oficialmente, soy una traidora. Extraoficialmente, soy una pieza que deben eliminar antes del amanecer.

Mateo sintió el peso de la deuda grabada en su sistema nervioso. Era una cadena biológica, un recordatorio constante de que su vida no le pertenecía. Tomó el chip, verificando los datos. Los esquemas confirmaban lo que Javi siempre había sospechado: la Academia no formaba pilotos; gestionaba una granja de selección artificial para optimizar algoritmos de combate. Eran ganado con licencia para matar.

—No es un ranking, Valeria —gruñó Mateo, conectando su interfaz al nodo de datos subterráneo. El puerto de conexión, tras la sobrecarga, emitía un brillo violeta eléctrico antinatural. Cada dato copiado le enviaba una descarga de dolor punzante por la columna. El sistema de control intentaba rechazar la información prohibida—. Es un embudo de sacrificio. Estamos compitiendo para ver quién es el mejor combustible para su sistema.

Valeria se detuvo, el rostro pálido bajo la luz parpadeante. La traición a su linaje ya no tenía vuelta atrás. Cuando el sistema detectó la intrusión, las alarmas de la Academia comenzaron a aullar a través de los niveles inferiores. Tenían cuatro horas antes de que el protocolo de ejecución inmediata los borrara del mapa.

De vuelta en el Hangar 42, ahora un esqueleto de acero desmantelado, el peso de la inminente purga se volvió asfixiante. Mateo se ajustó el arnés de combate. Sabía que si conectaba el archivo a la red de la arena durante el torneo, no solo lo descalificarían; los nodos de seguridad lo ejecutarían antes de que la primera pantalla mostrara un solo dato.

—Serás un mártir de diez segundos —dijo Valeria, ajustando los cierres del frame de Mateo con una brusquedad que ocultaba su miedo—. Pero si no lo hacemos, Javi muere en la auditoría y tú dejas de ser un problema para convertirte en chatarra.

Las puertas de la arena se abrieron, revelando un coliseo de luces cegadoras y miles de ojos expectantes. El "Desguazado" chirriaba, sus pistones luchando contra la sobrecarga. Mateo se conectó al frame, sintiendo cómo la cadena de control biológico se tensaba, reclamando su obediencia. Pero esta vez, él tomó el control.

En pleno duelo, con la élite de la Academia observando desde los palcos, Mateo hackeó las pantallas de la arena. El silencio que siguió fue absoluto cuando las gráficas de rendimiento se transformaron en los planos de la "Granja de Selección Artificial". El horror se propagó por las gradas. Valeria, defendiendo su flanco con una maestría que dejó a los guardias de su propia familia paralizados, se mantuvo firme a su lado.

La fachada de la Academia se quebró. La orden de ejecución total fue emitida, pero ya era tarde: la verdad estaba en los ojos de todos. Mateo sobrevivió al asalto inicial, pero el sistema marcó su eliminación definitiva en 24 horas. Valeria, ahora oficialmente una enemiga del estado, se colocó frente a él, protegiéndolo de los drones que descendían desde las vigas. La cuenta regresiva había comenzado.

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