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Chapter 8: Chapter 8

Kael utiliza la 'Manipulación de Flujo' para evadir a la Tasadora en el tercer nivel, sacrificando un recuerdo vital de su tía para desbloquear el acceso al cuarto piso, solo para descubrir que el sistema exige un sacrificio familiar más profundo para continuar.

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Chapter 8

El aire en el tercer nivel no se respiraba; se masticaba, cargado de estática metálica y el olor acre del ozono. Kael se puso en pie, con los músculos protestando por el esfuerzo de la transición. En su visión periférica, el cronómetro rojo de la Torre latía como un corazón moribundo: 09:42. La purga no era una amenaza abstracta; era un muro de fuego digital que devoraba cada sector, y él estaba en el ojo del huracán.

—Busca el nodo —se ordenó, pero su propia voz sonó extraña, ajena. Al intentar visualizar el rostro de su tía, el recuerdo se fragmentó en píxeles grises, succionado por la 'Manipulación de Flujo' que aún le quemaba las venas. El sistema le estaba cobrando el peaje por su supervivencia, y la moneda de cambio era su identidad. Kael apretó los dientes, sintiendo el vacío donde antes residía la calidez de su hogar. No había tiempo para el duelo. La Tasadora de la Secta no estaba lejos; podía escuchar el eco rítmico de sus botas magnéticas contra el suelo de rejilla industrial. Ella no lo buscaba a ciegas; estaba cerrando las compuertas principales, sellando cada ruta de escape como quien atrapa una rata en un laberinto de acero.

Kael sacó el libro de cuentas familiar. Sus dedos, temblorosos, rozaron el cuero gastado. Al contacto con la energía residual del tercer nivel, el libro vibró. Las páginas, antes ilegibles, comenzaron a revelar un mapa de fallas estructurales. No era solo un registro; era un plano secreto de la arquitectura de la Torre. Kael se lanzó hacia el conducto de ventilación, sabiendo que cada paso que daba borraba más de su pasado, dejando solo la fría eficacia del 'Desechable' que la Torre exigía.

El conducto era un túnel de sombras y zumbidos. La 'Vista de Falla' parpadeaba violentamente, mostrando las fisuras doradas que serpenteaban por las paredes. A diez metros, la Tasadora caminaba por el pasillo central, su uniforme impecable contrastando con la decadencia de la infraestructura. Sostenía un dispositivo de escaneo que emitía un pulso rítmico, un zumbido que hacía vibrar los dientes de Kael. Ella se detuvo, sus ojos fríos recorriendo las paredes. No buscaba a un intruso común; buscaba la brecha que él acababa de abrir.

«Protocolo de reinicio: 08:15 restantes», parpadeó la interfaz. Kael sabía que si la Tasadora activaba el 'cierre de estática', el sector se sellaría herméticamente. Usando su 'Manipulación de Flujo', Kael forzó a su sistema a replicar la firma energética de un nodo inactivo de la propia Torre. El esfuerzo le hizo sangrar por la nariz, pero la Tasadora pasó de largo, dudando un instante, sospechando que su presa no era un simple intruso, sino alguien que conocía los secretos olvidados de la estructura.

Kael llegó al nodo de control, un santuario de luces parpadeantes y cables expuestos. El Mentor Oculto emergió de las sombras del sistema, su figura distorsionada como una estática de baja resolución. —El sector se reinicia, Kael. La salida está sellada tras un cifrado de clase alta. Para romperlo, el sistema exige una llave de autenticación biológica. No es una contraseña, es un recuerdo. Uno que defina quién eras antes de que la Torre te redujera a nada.

Kael cerró los ojos. Podía ver el recuerdo: el olor a café quemado y el sonido de la vieja máquina de coser de su tía un domingo por la mañana. Era el último fragmento de su hogar, su ancla contra la deshumanización. Si lo entregaba, el último rastro de su vida anterior se desvanecería. Con un grito ahogado, Kael forzó el recuerdo hacia la consola. La energía fluyó, el sistema reconoció su rango y la puerta del cuarto nivel se abrió, una herida de luz en la realidad.

Pero el triunfo fue amargo. Una nueva misión parpadeó en su retina: «Sacrificio requerido: Vínculo familiar restante para estabilizar el ascenso al cuarto nivel». La Tasadora apareció al final del pasillo, su rostro contorsionado por la furia. Kael se quedó en el umbral, con la mente más vacía que nunca, pero con el poder necesario para destruir la Torre desde dentro. La Tasadora levantó su arma, pero Kael ya había cruzado. El cuarto nivel lo esperaba, un nuevo tablero donde su humanidad sería el precio final de su ascenso.

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