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Chapter 8: La sombra del Auditor

Leo sobrevive al intento de formateo remoto del Auditor convirtiendo el código malicioso en combustible para su mech. Tras una intervención política de Valeria, Leo derrota a un Centinela de élite en el Nivel 4, alcanzando el Top 10 del ranking público y consolidando su estatus como amenaza de Clase A.

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La sombra del Auditor

El aire en el taller clandestino del Sector de Deuda sabía a ozono y a la decadencia metálica de una sentencia de muerte. Leo, con las manos manchadas de grasa negra y fluido hidráulico, trabajaba bajo la luz parpadeante de un soplete. Frente a él, El Desguace vibraba con una frecuencia antinatural. El cronómetro de desmantelamiento en su interfaz retinal marcaba trece horas. Era el tiempo que le quedaba antes de que el sistema lo borrara como una pérdida neta.

De pronto, la consola central se volvió de un rojo sangre. Un pulso electromagnético recorrió las paredes, haciendo que las herramientas colgadas en los paneles metálicos repiquetearan como dientes castañeando. El Auditor no estaba jugando; el formateo remoto había comenzado.

—¿Intentas borrarme, bastardo? —masculló Leo, apretando los dientes. El sistema estaba inyectando un código malicioso, una purga digital diseñada para convertir su mech en una carcasa inerte. Los servomotores del brazo derecho, reparados con tanto esfuerzo, empezaron a bloquearse con un chirrido agónico. La pantalla del mech parpadeaba: Error de integridad. Formateo de sector 0x44 iniciado. Acceso denegado.

Leo sabía que si el formateo completaba su ciclo, terminaría en la lista de reciclaje de la Torre. Con una decisión desesperada, cortó el flujo de datos principal y redirigió la purga hacia el núcleo de energía prohibido que había extraído en el Nivel 3. Fue como intentar apagar un incendio forestal con una gota de agua, pero el núcleo, hambriento y caótico, absorbió el código del Auditor, integrándolo como combustible. El mech se estabilizó, pero con un zumbido eléctrico que no pertenecía a ninguna máquina autorizada.

Mientras tanto, en el Centro de Control de la Torre, el Auditor observaba la anomalía. Valeria, de pie a su lado, sintió el peso de sus expectativas familiares como una armadura de cristal. El Auditor tecleó una secuencia de purga forzada.

—Esa anomalía no debería estar activa, Valeria —dijo él, su voz carente de inflexión—. El sistema detecta una intrusión en el protocolo. Voy a formatear ese núcleo ahora mismo.

Valeria dio un paso al frente, interponiéndose entre el Auditor y el panel. —Fui yo quien autorizó esa frecuencia para el mantenimiento de mi escuadrón —mintió con una gélida superioridad aristocrática—. Si intentas un formateo ahora, destruirás datos de telemetría de mi linaje. ¿Estás dispuesto a responder ante el Consejo por una violación de propiedad privada de clase alta?

El Auditor se detuvo. Su mirada era un bisturí, pero la política de la Torre era su única debilidad. Se vio obligado a retroceder, aunque sus ojos seguían fijos en la pantalla, esperando un error.

En la arena, Leo no perdió tiempo. Integró a la fuerza los módulos de los drones caídos en el chasis de El Desguace. El proceso era doloroso, una descarga de datos que le quemaba las sienes, pero el mech comenzó a mutar. Ya no solo resistía los impactos; los devoraba. La nueva firma energética era brillante, peligrosa y, sobre todo, ilegal.

Cuando Leo entró al Nivel 4, el Auditor ya lo esperaba con una trampa. No envió a un piloto cualquiera, sino un Centinela de cromo puro. En cuanto el combate comenzó, una línea roja recorrió el código de Leo: una orden de ejecución directa. El Auditor estaba intentando formatearlo en pleno duelo.

—Error de autenticación. Iniciando purga —anunció el sistema. El brazo derecho de Leo se paralizó.

El Centinela cargó, con su cañón de plasma brillando con intensidad letal. Leo, sintiendo cómo el sistema intentaba arrancarle el control, sonrió con amargura. En lugar de luchar contra el formateo, abrió las puertas de su sistema de absorción y proyectó el código malicioso del Auditor hacia el chasis del Centinela. El mech enemigo se convulsionó cuando el virus del Auditor se volvió contra él, sobrecargando sus propios sistemas. El Centinela se desplomó, inerte. Leo se alzó sobre los restos humeantes mientras el ranking público se actualizaba: Top 10 alcanzado. Pero la victoria fue breve. El Auditor, furioso tras la pantalla, no solo había perdido el duelo; había visto cómo su propia arma era utilizada para escalar la Torre. La mirada del Auditor ya no era de sospecha, sino de exterminio total.

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