El desafío de la cima
El aceite quemado goteaba del brazo derecho de 'El Desguace', siseando al tocar la plataforma metálica del Nivel 4. Leo apenas podía mantener la estabilidad; el sistema de soporte vital de su mech, sobrecargado por la absorción del virus del Auditor, emitía un chirrido agónico. A su alrededor, el silencio del Campo de Pruebas era más pesado que cualquier explosión. Las gradas, antes llenas de murmullos despreciativos, ahora eran un muro de rostros tensos. Estaba en el Top 10, y el sistema, incapaz de purgarlo, lo exhibía como una anomalía de Clase A a la vista de toda la ciudad.
El Auditor descendió de su balcón privado. Sus pasos resonaron como una sentencia de muerte. —Tu mech es una violación a los protocolos de integridad, chatarrero —dijo, su voz amplificada por los altavoces de la arena—. Una inspección técnica forzada es el requisito estándar para cualquier piloto que ascienda al Top 10 tras una anomalía energética. Desciende y abre la cabina.
El aire se volvió eléctrico. Si el Auditor accedía a los registros internos, descubriría el núcleo de drones robado y la firma del Nivel 0. Sería el fin. Antes de que Leo pudiera responder, una figura se interpuso entre él y el Auditor: Valeria. Su postura era impecable, el lenguaje corporal de quien posee el poder de las corporaciones de élite. —La inspección es un acoso corporativo injustificado, Auditor —declaró ella, su voz fría y cortante—. El piloto ha cumplido con los estándares de la Torre. Si insiste en violar el reglamento de neutralidad, elevaré una queja al Consejo de Administración. El Auditor apretó los dientes, su máscara de perfección agrietándose. Retrocedió, pero sus ojos prometieron una venganza más lenta y dolorosa.
El cronómetro de desmantelamiento sobre el visor de Leo marcaba 12:47:12. El Auditor, incapaz de eliminarlo directamente, comenzó a alterar las leyes físicas del piso. El suelo de la arena se fracturó con un estruendo ensordecedor. Las placas de acero reforzado se hundieron en un abismo de datos corruptos, convirtiendo el sector en una trampa mortal. Leo, sintiendo el calor del núcleo a través de sus nervios conectados, no dudó. Activó su capacidad de absorción, convirtiendo la inestabilidad del terreno en energía cinética para sus propulsores. Saltó sobre el vacío, sintiendo cómo el metal de su mech se desgarraba bajo el estrés, pero logrando estabilizar su firma energética lo suficiente para aterrizar en la puerta de acceso al desafío final.
En la arena de combate final, el 'Ejecutor' esperaba. Su chasis de cromo pulido reflejaba las luces estroboscópicas de la grada. El Ejecutor cargó sus cañones de alta frecuencia; el zumbido sónico hizo que los sensores de Leo chirriaran. El primer disparo impactó en el hombro izquierdo de 'El Desguace', arrancando placas de metal y exponiendo cables. Leo no retrocedió. Dejó que el Ejecutor lo dañara deliberadamente, atrayendo el fuego hacia su brazo derecho, diseñado ahora como un sumidero de energía. En el momento del impacto, Leo activó la sobrecarga. La energía del arma enemiga fue absorbida, convirtiéndose en el combustible que alimentó su contraataque. Con un rugido metálico, 'El Desguace' se abalanzó, desmantelando al Ejecutor en una explosión de chispas y metal fundido.
La victoria fue absoluta. El sistema, obligado por la lógica de la Torre, abrió el umbral hacia la Torre Central. Leo cruzó el arco de energía y la realidad se fracturó. La interfaz, en lugar de mostrar datos de combate, proyectó esquemas de propulsión estelar. Las paredes de metal se volvieron translúcidas, revelando un vacío infinito salpicado por el brillo frío de estrellas distantes. La Torre no era un centro de entrenamiento; era una nave espacial. Mientras las compuertas estelares comenzaban a abrirse, Leo comprendió que su ascenso apenas acababa de comenzar, y que el Auditor, aunque derrotado en el ranking, solo era el guardián de una celda mucho más grande.