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Chapter 7: Duelo de rangos

Leo utiliza el combustible sintético de Valky para reparar el Chatarra-09 y ganar un duelo público contra un piloto de élite. A pesar de su victoria, Kaelen lo degrada al peligroso Sector 6, sin saber que Leo lleva consigo la prueba digital de su implicación en el asesinato del padre de Leo.

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Duelo de rangos

El aire en el Sector 7 sabía a ozono rancio y a la estática de un sistema a punto de colapsar. Leo Valenti se dejó caer bajo el bastidor del Chatarra-09, sintiendo el metal gélido contra su espalda. Su mech, la única garantía ante la deuda de 861.200 créditos que asfixiaba a su familia, era un amasijo de cables expuestos y actuadores hidráulicos saboteados. Kaelen no había sido sutil: los cortes en los circuitos del brazo derecho tenían la firma quirúrgica de la seguridad institucional. El cronómetro en su HUD marcaba 58 minutos para la auditoría pública. Si no lograba que el bastidor se mantuviera en pie, la confiscación no sería solo una posibilidad, sino el fin de su existencia en la Academia.

Leo sacó el bidón de combustible sintético que Valky le había entregado. El líquido, una sustancia de alta densidad prohibida para los rangos bajos, brillaba con una iridiscencia tóxica. Sus manos, curtidas por años de reparaciones de fortuna, soldaron los cables mientras el combustible recorría las venas del Chatarra-09. Al inyectar la carga en el núcleo, el mech emitió un zumbido antinatural, profundo, como el gruñido de una bestia despertada a la fuerza. La sincronización subió de golpe al 45%, pero el sistema de diagnóstico lanzó una advertencia roja: Protocolo de Confiscación Inminente. Leo ignoró el aviso. El riesgo era la única moneda que podía gastar.

Minutos después, la Arena Central era un hervidero de expectación fría. El Director Kaelen observaba desde la plataforma de mando, su silueta recortada contra los focos como un verdugo que espera el momento de soltar la palanca. Frente a Leo, el oponente de élite aguardaba con un bastidor reluciente, una máquina diseñada para la perfección, no para la supervivencia.

—Valenti —la voz de Kaelen retumbó por los altavoces, cargada de una falsa cortesía que ocultaba el veneno—. Tu incursión en los depósitos es un delito, pero el Campo de Pruebas es justo. Demuestra que tu máquina no es un peligro, o será reducida a chatarra en este mismo instante.

El combate comenzó con una estocada del élite que debería haber destrozado el pecho del Chatarra-09. Pero Leo, sintiendo la sincronización vibrar en sus propios nervios, no esquivó: predijo. La memoria de combate del bastidor, ahora desbloqueada por el combustible sintético, le permitió ver el patrón antes de que ocurriera. Con un giro de cadera que hizo chirriar los metales, Leo bloqueó el impacto y contraatacó con una fuerza bruta que el bastidor de élite no pudo absorber. El choque resonó en toda la arena. El oponente quedó inmovilizado, su sistema bloqueado por la sobrecarga que Leo le había forzado a recibir. La multitud, acostumbrada a la hegemonía de la élite, estalló en un silencio atónito que pronto se transformó en un murmullo de rebeldía. Kaelen, con el rostro inexpresivo, apretó los puños, pero el resultado era innegable.

Sin embargo, la victoria duró menos de lo que tardó en enfriarse el motor. Mientras Leo descendía de la cabina, el marcador de su HUD no anunció el ascenso esperado. En su lugar, una notificación gélida se desplegó en rojo intenso: DEGRADACIÓN ADMINISTRATIVA: SECTOR 6. ACCESO RESTRINGIDO.

Kaelen lo esperaba en la pasarela, flanqueado por guardias.

—El rendimiento de tu máquina es una anomalía, Valenti —dijo el Director, bajando la voz hasta que solo Leo pudo oírlo—. Has ganado el derecho a ser humillado en el Sector 6, donde la deuda no se paga con créditos, sino con sangre.

Leo sintió el peso del archivo encriptado en su núcleo, la prueba del asesinato institucional que Kaelen tanto temía. Había sido degradado, sí, pero Kaelen acababa de enviarlo al único lugar de la Academia donde los archivos muertos hablaban. Leo caminó hacia la entrada del Sector 6, un abismo de metal oscuro y pasillos en penumbra, sabiendo que allí, entre los despojos, encontraría la firma digital de Kaelen en la ejecución de su padre. El ascenso ya no era una escalera, era una guerra.

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