La sombra del Director
El aire en el Taller del Sector 7 no olía a victoria, a pesar de haber humillado a Jax frente a toda la academia. Olía a ozono quemado y a desesperación. En la pantalla principal, el cronómetro de la auditoría técnica impuesta por el Director Kaelen palpitaba en un rojo inclemente: 58:12. Menos de una hora para que los inspectores llegaran a desguazar el Chatarra-09 y descubrieran el módulo prototipo que mantenía a Leo a flote. Leo se lanzó sobre la consola central, sus dedos volando sobre el teclado táctil. Cada segundo que pasaba era una sentencia. Necesitaba enmascarar la firma energética del módulo, una anomalía que brillaba como un faro en los registros de la academia.
—Vamos, maldita sea —gruñó, mientras el código de seguridad se resistía. El firewall de ocultación requería una cantidad de energía que el Chatarra-09 no estaba diseñado para suministrar sin comprometer sus funciones básicas. Leo tomó una decisión visceral: sacrificó la integridad de los sistemas de soporte vital. El mech protestó con un chirrido metálico, pero la firma energética se desvaneció.
La puerta neumática siseó, rompiendo el silencio. No eran los inspectores, sino Valeria 'Valky' Soler. Su uniforme de élite, inmaculado y gris acero, contrastaba con la mugre de grasa que cubría el taller.
—El Director Kaelen no viene a inspeccionar —dijo ella, sin rodeos—. Viene a confiscar. Ha firmado la orden de 'actualización obligatoria' basándose en la anomalía de sincronización que mostraste contra Jax. Si ese módulo aparece en su escáner, no solo perderás el mech, Leo. Desaparecerás del sistema.
Leo bloqueó su cuerpo entre ella y el motor. —¿Por qué me lo dices? Podrías ganar puntos con Kaelen si me entregas ahora mismo.
—Porque Kaelen no busca justicia, busca control —respondió ella, bajando la voz—. He visto los archivos. Él sabe que tu deuda es una manipulación de Nivel 5. Si te hunde a ti, borra la prueba de que el sistema está amañado. Si sobrevives a esta auditoría, tendré una oportunidad de usar tu información para limpiar mi propio nombre.
Ella le lanzó un chip de datos cifrados: una llave de acceso temporal para el firewall de la academia. —Distraeré a los inspectores en la entrada, pero si encuentran algo, no podré protegerte.
Minutos después, la plataforma de pruebas del Sector 7 estaba rodeada. Leo ajustó los cierres de su arnés con dedos temblorosos mientras el HUD parpadeaba: 42 minutos para la confiscación. Kaelen observaba desde la torre de control, con una mirada de entomólogo a punto de aplastar un insecto. La prueba comenzó con pulsos de interferencia electromagnética, forzando a los sistemas de Leo a compensar el déficit. La sincronización cayó en picada: 12%, 8%, 5%. El mech se volvió un bloque de metal inerte.
—Falla de núcleo inminente —anunció la IA.
Leo sabía que si el mech moría, la auditoría registraría el fallo y el módulo sería expuesto. Con un gruñido de esfuerzo, inyectó la secuencia de ocultación que Valky le había proporcionado, forzando el módulo a una sincronización crítica del 40%. El metal del bastidor vibró con una intensidad nueva. De repente, una ráfaga de datos corruptos inundó su mente: no era solo tecnología, era una memoria. Un destello de fuego, un piloto gritando y la sensación inconfundible de una ejecución mecánica. No fue un accidente, fue un asesinato. El mech no estaba roto; estaba ocultando un crimen. Leo mantuvo el control, estabilizando la máquina justo cuando Kaelen sonreía con malicia, esperando el colapso que nunca llegó.