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Chapter 2: El costo de la eficiencia

Leo sobrevive a un enfrentamiento con Valky usando el módulo prototipo, lo que dispara su deuda y atrae la atención del Director Kaelen. Tras una tensa reunión con Kaelen, Leo descubre que su deuda familiar es una manipulación institucional, no un accidente, mientras Valky lo confronta por su cambio de estilo.

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El costo de la eficiencia

El hangar del Sector 7 apestaba a ozono y a la miseria de los que no tienen rango. Leo Valenti se dejó caer fuera de la cabina del Chatarra-09, con los músculos todavía vibrando por la descarga de adrenalina. En su retina, el HUD parpadeaba con una advertencia en rojo chillón: Consumo de energía anómalo. Intereses de deuda ajustados: +14.200 créditos. Sus dedos, manchados de grasa y sangre seca, temblaban mientras conectaba el cable de diagnóstico a la terminal. La cifra total en su cuenta familiar —856.200 créditos— se sentía como una soga apretándose alrededor de su cuello. Cada milisegundo de sincronización al 85% no era una proeza gratuita; el módulo prototipo succionaba los créditos de su cuenta para estabilizar la energía. Leo ocultó el rastro energético bajo una capa de código basura antes de que los sensores de la Academia lo marcaran como un intento de hackeo. Si Kaelen descubría que había superado el umbral de los cadetes de élite con una pieza de desguace, terminaría en las minas.

El zumbido del campo de entrenamiento se cortó de golpe cuando Valeria 'Valky' Soler bloqueó su paso. Sus ojos, fríos como el acero de su rango, escaneaban su armadura remendada.

—Tu última calificación fue un error del sistema, ¿verdad, Chatarra? —escupió ella, activando sus propulsores. Antes de que Leo pudiera articular una excusa, el guantelete de Valky impactó contra su hombro, lanzándolo contra un pilar metálico.

Ella se movía con una gracia letal, arrinconándolo contra la barrera de energía.

—Un don nadie no debería tocar un simulador de grado A —sentenció Valky, fijando su cañón de pulso en la cabina de Leo—. Ríndete. No quiero destrozar tu chatarra antes de que los instructores vean quién eres realmente.

Leo apretó los dientes, sintiendo cómo el núcleo del prototipo vibraba contra sus vértebras. Ignoró la advertencia, sus dedos volando sobre la interfaz. El Chatarra-09 no estaba diseñado para esto, pero el módulo bombeaba energía cruda directamente a sus propulsores. Con un movimiento brusco, sobrecargó los estabilizadores, realizando un giro de 180 grados en un espacio imposible. Valky quedó estupefacta al ver la eficiencia de la máquina, pero el sistema de Leo emitió un pitido agónico: su deuda acababa de saltar otros cinco mil créditos por el uso no autorizado del motor.

Horas después, el Director Kaelen observaba el duelo en bucle en su oficina.

—Sincronización del 85 por ciento, Leo —dijo Kaelen, sin levantar la vista—. El promedio de un estudiante es apenas del 40. Tu núcleo no debería soportar esa carga. Explícate.

—Es una optimización de flujo, Director —respondió Leo, manteniendo la voz firme—. El reglamento, sección cuatro, inciso B, permite la experimentación si no se compromete la infraestructura. He ajustado mis canales internos.

Kaelen se inclinó sobre su escritorio, su presencia proyectando una sombra pesada.

—Una excusa conveniente. Pero los resultados se validan en el campo, no en el papel. Te daré una oportunidad para probar que no eres un fraude, pero si el Chatarra-09 falla en la próxima prueba pública, será confiscado y tú serás expulsado.

Al salir, Leo se dirigió a la terminal para pagar el interés acumulado. El sistema emitió un pitido seco y denegó la operación: Acceso restringido: Nivel de autorización insuficiente. Con una rabia contenida, forzó un comando de bypass. La pantalla se inundó de líneas de texto verde. Un archivo cifrado se abrió: "Deuda de Valenti: Manipulación de Nivel 5". Los números no eran producto de un mal pilotaje, sino de un diseño institucional para mantener a su familia en la ruina.

Una sombra cayó sobre la pantalla. Valky estaba allí, bloqueando su camino.

—Tu estilo de pilotaje ha cambiado —dijo ella, con una mezcla de sospecha y curiosidad—. ¿Qué le hiciste a esa chatarra, Valenti?

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