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Chapter 7: La grieta en la jerarquía

Kael y Mara extraen el fragmento crítico del módulo prototipo del Cicatriz colapsado justo antes de que llegue el Gremio. En un almacén abandonado descubren que el sistema de ranking es un filtro de lealtad y soborno, no de mérito real, y que Kael ha sido reconocido como heredero primario del protocolo orbital. Transmiten la prueba de la corrupción durante una ventana crítica de 47 segundos, exponiendo públicamente la grieta en la jerarquía del sector antes de que el Gremio corte la señal. La subasta del Cicatriz se declara trampa y las salidas quedan bloqueadas.

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La grieta en la jerarquía

El olor a ozono quemado y metal fundido todavía les pegaba en la garganta cuando Kael y Mara arrastraron lo que quedaba del Cicatriz por el túnel de servicio bajo las gradas. El chasis chirriaba contra el hormigón, dejando un reguero de fluido hidráulico negro que brillaba violeta bajo las luces de emergencia. Menos de cuarenta por ciento de integridad. Núcleo apagado. Brazo Arma-7 colgando como carne muerta.

—Treinta y siete segundos desde que se apagaron los monitores públicos —dijo Mara entre dientes, sin soltar la barra de arrastre—. El Gremio ya debe tener dos escuadras vectoriales en camino. Si el núcleo fracturado entra en cascada ahora, nos fríen a los dos junto con el chasis.

Kael no respondió. Sus dedos temblaban mientras conectaba el cable de diagnóstico directo al puerto occipital del Cicatriz. El implante neural le devolvía latigazos de dolor cada vez que intentaba estabilizar la lectura. La firma violeta aún palpitaba en el registro residual, visible para cualquiera que tuviera autorización de nivel tres o superior. Cuarta exposición masiva en menos de seis semanas. No había forma de camuflar eso.

Abrió el panel del torso con un golpe seco. El núcleo estaba partido en dos grietas irregulares, como si alguien hubiera intentado abrirlo con una cuchara caliente. Entre las fisuras brillaba el fragmento del módulo prototipo que no había sido consumido en la sobrecarga final contra Darius. Kael lo arrancó con unas pinzas de punta fina, sintiendo cómo el calor residual le quemaba la piel a través del guante.

—Dame el contenedor criogénico —ordenó.

Mara se lo pasó sin preguntar. El fragmento entró en el cilindro con un siseo de vapor. Dieciocho segundos. Kael cerró el panel del Cicatriz de un golpe y activó el protocolo de sellado de emergencia. El chasis se contrajo con un gemido metálico, ocultando el núcleo fracturado bajo placas reforzadas.

Justo cuando terminaban de cubrir el mech con una lona de camuflaje térmico, la puerta del túnel estalló hacia dentro. Dos mechs de asalto del Gremio, armadura negra mate y cañones de pulso ya calientes, barrieron el espacio con haces de detección.

Mara se interpuso, levantando las manos.

—¡Identificación de piloto de pruebas nivel cuatro! ¡El chasis está bajo cuarentena médica por fallo catastrófico! ¡Protocolo 19-B!

Los mechs dudaron. Kael aprovechó el segundo de confusión para deslizarse detrás de un pilar de soporte y salir por una rejilla de ventilación que Mara había dejado entreabierta. El fragmento criogénico quemaba contra su pecho como un carbón vivo.

Bajaron tres niveles en silencio, usando los conductos de mantenimiento. Cuando finalmente se detuvieron en un almacén abandonado de nivel -4, Kael dejó caer el contenedor sobre una mesa improvisada. El terminal pirateado que Mara había arrastrado desde los muelles cobró vida con un zumbido enfermo.

Insertó el fragmento. La pantalla se llenó de líneas de código antiguo, diagramas que no pertenecían a ningún sistema sectorial conocido. Firmas energéticas clasificadas como “herencia orbital”. Y luego… el ranking.

No era un medidor de eficiencia real.

Era un filtro.

Kael sintió que el aire se le atoraba en la garganta. El sistema de clasificación del sector no ordenaba a los pilotos por rendimiento de combate medible. Ordenaba por lealtad de facción, por cuotas de extracción de recursos orbitales, por cuánto dinero o silencio compraba cada casa noble. La “eficiencia” que todos veían en las pantallas públicas era un número maquillado después del hecho. Los que subían no eran los mejores. Eran los que más pagaban o los que menos amenazaban.

Mara se inclinó sobre su hombro, el aliento caliente contra su nuca.

—Todo este tiempo… —susurró ella—. Mi equipo no murió por un mal cálculo en la Chatarra Prohibida. Murió porque no quisimos pagar la cuota de silencio. Valerius lo sabía. El Gremio lo sabía.

Kael activó una simulación parcial del protocolo de herencia que el módulo había desbloqueado en la sobrecarga final. La pantalla mostró su nombre en letras violeta:

HEREDERO PRIMARIO DETECTADO: KAEL VORAN ACCESO NIVEL ORBITAL – CONFIRMADO PROTOCOLO DE HERENCIA ACTIVO

El sistema reconoció su sangre. No la de Valerius. No la de ninguna casa noble del sector. La suya.

Mara puso su mano sobre la de Kael, que aún temblaba por las quemaduras del núcleo.

—Ya no hay vuelta atrás —dijo ella—. Si vamos a caer, que caigamos rompiendo la mentira.

Kael asintió una sola vez.

Subieron por los conductos de ventilación hasta un puesto clandestino de transmisión que los Cuervos Negros habían abandonado meses atrás. Kael se arrastró boca abajo, el fragmento de código cifrado apretado contra el pecho. Mara contaba en voz baja.

—Cuarenta y siete segundos. Cuarenta y seis…

Conectó el fragmento al puerto expuesto. La interfaz parpadeó roja.

ACCESO DENEGADO – FIRMA NO AUTORIZADA

Kael introdujo la secuencia que había memorizado en el almacén. El módulo, aunque casi muerto, aún tenía suficiente jugo para fingir ser un nodo autorizado del Gremio durante un latido. La pantalla se tiñó de violeta.

BRECHA ABIERTA – VENTANA DE TRANSMISIÓN: 47 s

Abrió el payload preparado: el fragmento de log que demostraba que los rankings no se calculaban por eficiencia real, sino por lealtad y soborno. Lo adjuntó a un broadcast masivo en el canal público de emergencia del sector.

La cuenta regresiva bajó como un martillo.

Treinta segundos.

Veinte.

Diez.

La transmisión se cortó abruptamente cuando el Gremio bloqueó la señal. Pero el daño estaba hecho.

En las pantallas de todo el sector, durante siete segundos eternos, apareció:

HEREDERO PRIMARIO – KAEL VORAN RANKING SECTORIAL: ANOMALÍA DETECTADA PROTOCOLO HERENCIA ACTIVADO – NIVEL ORBITAL

Mientras bajaban corriendo por los conductos, las alarmas generales resonaron en todo el complejo.

La subasta de emergencia del Cicatriz había sido declarada trampa oficial.

Las puertas principales se cerraron con un estruendo metálico.

Los mechs de seguridad del Gremio bloquearon todas las salidas.

Kael miró a Mara en la penumbra del conducto.

—Ahora sí nos quieren muerto de verdad.

Ella sonrió, una sonrisa afilada y sin miedo.

—Entonces que vengan a buscarnos.

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