Duelo de rangos
El cronómetro holográfico marcaba 19 horas y 12 minutos cuando Kael selló el último perno del hombro derecho. El Cicatriz seguía en 58 % de integridad estructural, el brazo izquierdo todavía muerto, pero el Arma-7 recién injertado vibraba con una energía inestable. Mara limpiaba el aceite de sus manos con un trapo sucio, la cara tensa.
—Reserva secundaria del módulo al 17 %. Si la quemas para sincronizarlo del todo, entrarás al duelo con menos de diez por ciento de margen. —Su voz era baja, casi un reproche—. Darius no viene a pelear, viene a ejecutarte en vivo.
Kael no levantó la vista. Sus dedos, negros de grasa y quemaduras viejas, ajustaron el flujo directo entre el núcleo prohibido y el nuevo brazo. El módulo prototipo respondió con un zumbido grave que hizo temblar las paredes del taller clandestino. Líneas violeta recorrieron los cables como venas despertando. El Arma-7 se contrajo una vez, luego se extendió con un chasquido metálico limpio.
Funcional.
El Cicatriz, sin embargo, gimió. Un latido irregular, enfermo. Mara apoyó la palma en el torso caliente.
—Está vivo… pero apenas. Cualquier pico más y el núcleo se parte en dos.
—Lo sé —dijo Kael, seco—. Pero si entro sin brazo, Valerius se queda con todo: el mech, el módulo, el rango de Aspirante de Élite y la deuda con los Cuervos. Vuelvo al pozo. Y mi familia sigue siendo solo un nombre borrado.
Mara apretó los labios. No discutió. Ambos sabían que el tiempo era más caro que el metal.
Cerraron el chasis a medias y corrieron hacia el Campo de Pruebas.
La zona de preparación apestaba a ozono y sudor ajeno. El Cicatriz descansaba en la plataforma de pesaje, el brazo nuevo todavía humeante. Darius ya esperaba junto al Furia Plateada, impecable, sonrisa de heredero que nunca ha sudado por nada.
Antes de que Kael subiera a la cabina, Darius giró una tableta hacia él. La proyección mostró tres picos violeta idénticos: muelles, Centinela-7, Chatarra Prohibida.
—Firma capturada tres veces, chatarrero. Valerius la está conteniendo… por ahora. Después del duelo, el Gremio vendrá a buscar su herencia prohibida. Y tú ya no tendrás dónde esconderte.
La multitud de aspirantes de rangos bajos se acercó, murmurando. Kael sintió la mirada de Mara clavada en su nuca.
—¿Eso es todo? —respondió, voz calmada pero dura—. ¿Quieres que me arrodille antes de empezar?
Darius rio, corto.
—Quiero que sepas que ese brazo nuevo no te durará ni veinte segundos. Lo arrancaré yo mismo y lo fundiré frente a todos.
Kael dio un paso. Recorrió con la vista el Furia: blindaje de sexta generación, reactores limpios, eficiencia sostenida del 94 %. Luego miró su propio mech torcido, 41 % real de eficiencia.
—El módulo reescribe las reglas —dijo—. Y tú lo sabes tan bien como yo.
La sonrisa de Darius vaciló medio segundo. La presión social cambió de dirección. Los murmullos ya no eran solo burla.
La sirena cortó el aire. Quedaban 19 horas y 7 minutos.
En el centro de la Arena Principal, bajo reflectores que convertían el polvo en oro sucio, el Cicatriz se erguía torcido pero firme. Frente a él, el Furia Plateada brillaba como una amenaza pulida. La voz de Darius retumbó por los altavoces abiertos:
—Última oportunidad, escoria. Ríndete y solo pierdes el mech.
Kael apretó los mandos. HUD: SOBRECARGA INMINENTE – MÓDULO @ 86 %. El gong sonó.
Darius no esperó. El Furia cargó como un martillo. Una ráfaga de pulsos arrancó dos placas del torso del Cicatriz. Alarmas aullaron. Kael esquivó por centímetros, levantó el escudo térmico con el brazo bueno y respondió con una salva precisa del cañón de riel. El impacto empujó al Furia tres metros atrás. La multitud rugió una sola vez.
Pero Darius era preciso. Atacaba las grietas: hombro derecho hundido, integridad cayendo a 51 %, el nuevo brazo que aún respondía lento. Cada golpe era calculado. El Cicatriz retrocedía, crujía, escupía chispas y líquido refrigerante.
Kael fingió desesperación. Dejó que el Furia extendiera su lanza de plasma. En el instante exacto activó los propulsores inferiores, giró en seco y lanzó el Arma-7 en arco. El cañón de riel rugió a quemarropa. La placa pectoral del Furia se abrió como lata. El coloso perdió el equilibrio.
La arena estalló en gritos. Un rango bajo acababa de herir a un campeón de Valerius.
El precio fue inmediato: integridad del Cicatriz al 44 %. Grietas visibles en el núcleo. El módulo avisaba en rojo: RESERVA SECUNDARIA 9 %.
Darius ya no sonreía. Cargó de nuevo, implacable. Una andanada de pulsos destrozó el hombro derecho. El Cicatriz se tambaleó. Kael sintió el final en los huesos.
Perder significaba confiscación total. Perder significaba que el nombre de su familia moriría otra vez. Perder significaba que Mara habría arriesgado todo para nada.
O revelar lo prohibido delante de todo el sector.
Sus dedos encontraron el interruptor rojo.
—No hay vuelta atrás.
Lo pulsó.
El Cicatriz rugió. Venas violeta recorrieron la armadura entera. El módulo prototipo se encendió al máximo, devorando hasta la última reserva. La firma energética explotó en los sensores de la arena: un sol violeta que bañó las gradas. Miles de ojos lo vieron.
Kael lanzó todo. El Arma-7 se alzó. Los cañones de riel dispararon una salva concentrada que perforó el núcleo del Furia Plateada. Luces parpadearon. Humo negro brotó del pecho enemigo. El coloso cayó de rodillas y luego de bruces contra la arena metálica.
Silencio absoluto.
Después, la multitud estalló en un rugido ensordecedor.
El Cicatriz se mantuvo en pie dos segundos más… y colapsó. El núcleo se apagó. Kael quedó dentro de la cabina oscura, respirando agitado, sudor y sangre en la boca.
En las pantallas gigantes, los observadores del Gremio se movilizaban como tiburones. Valerius, desde su palco elevado, se levantó lentamente. Sus ojos no estaban en el Furia caído.
Estaban en el chatarrero que acababa de hacer lo imposible.
Y en la firma violeta que ahora brillaba para todo el sector.
La confiscación ya no era amenaza.
Era inminente.
Pero mientras las alarmas del Gremio empezaban a sonar, el HUD del Cicatriz parpadeó una vez más antes de morir del todo. Una línea de código rojo, oculta entre los datos de combate, se abrió sola:
«Protocolo de herencia – Grieta detectada en núcleo de ranking sectorial. Corrupción élite confirmada. Acceso nivel orbital desbloqueado.»
Kael sonrió con los labios partidos, aún dentro de la cabina muerta.
El duelo estaba ganado.
La verdadera guerra acababa de empezar.