Prueba pública de fuego
El zumbido del Cicatriz era ahora un latido irregular, como si el mech supiera que le quedaba poco tiempo antes de ser devorado. Treinta y ocho minutos para la inspección del Gremio. Veinticuatro horas para el duelo que Valerius le había clavado como sentencia. El brazo izquierdo colgaba inerte, un lastre de metal muerto que hacía tambalear cada paso del chasis. Kael no podía permitirse más errores.
En la bahía de mantenimiento, el aire olía a cobre quemado y grasa conductiva. Mara estaba de pie junto al panel abierto, con los brazos cruzados y la mirada fija en el módulo prototipo que aún brillaba con un azul enfermizo.
—Esto no va a aguantar otra sobrecarga —dijo ella, voz baja pero afilada—. El brazo ya está frito. Si intentas compensar con el núcleo, vas a quemar el torso entero.
Kael no levantó la vista. Sus dedos seguían ajustando el bypass que mantenía la firma energética disfrazada de desgaste normal.
—No necesito que el brazo se mueva. Solo necesito que la firma desaparezca antes de que lleguen.
Un chispazo violeta saltó del puerto de drenaje. El Cicatriz se estremeció. La consola parpadeó: Firma energética estabilizada – 98 % camuflada. Pero el precio era visible: el indicador del brazo izquierdo ahora marcaba 0 % de funcionalidad. Muerto para siempre a menos que encontrara un repuesto de grado militar en las próximas horas.
Mara soltó el aliento que había estado conteniendo.
—Funcionó. Por ahora.
Antes de que Kael pudiera responder, las puertas hidráulicas se abrieron con un siseo demasiado limpio. Valerius entró solo, el traje negro con ribetes plateados absorbiendo la luz sucia de los fluorescentes. Detrás, Mara se tensó, pero no se movió del umbral.
—Chatarrero —dijo Valerius con esa calma que siempre sonaba ensayada—. Ya eres Aspirante de Élite. El sistema te ha bendecido.
Kael apretó la llave dinamométrica hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
—No pedí el ascenso.
Valerius sonrió, una línea fina y fría.
—Nadie lo pide. Pero cuando el Campo de Pruebas detecta un salto de 12 % a 40 % en tres horas, el algoritmo no consulta. Te sube. Y te expone. —Dio dos pasos más—. Yo bloqueé la inspección del Gremio. Les dije que había «irregularidades de sector». Pero hay un precio. Vas a entrar al Campo de Pruebas. Ahora. Contra uno de mis subordinados. Ganas, te quedas con créditos y dignidad. Pierdes… y el Gremio se lleva lo que queda de tu chatarra.
Kael sintió el estómago contraerse. No era una oferta. Era una orden disfrazada.
—¿Y si digo que no?
—Entonces la firma que acabas de esconder vuelve a brillar como faro. Y yo me aparto. —Valerius se encogió de hombros—. El Gremio hace el resto.
Silencio pesado. Mara miró a Kael. Él sostuvo la mirada de Valerius.
—Acepto el duelo.
Valerius inclinó la cabeza, satisfecho.
—Buena elección. Veinticuatro horas. No llegues tarde.
Se dio la vuelta y salió. Las puertas se cerraron con un golpe seco.
Mara soltó una risa amarga.
—Te acaba de convertir en su juguete favorito.
—No —respondió Kael, voz ronca—. Me acaba de dar un escenario público. Donde todos van a ver.
Treinta y siete minutos para la inspección. Veinticuatro horas para el duelo.
No había tiempo para reparaciones. Solo para pelear.
—¡El chatarrero que subió de rango por error! ¡Con un brazo muerto y un chasis que apenas respira! ¡Abran paso al fenómeno!
La multitud soltó risas cortantes. Kael sintió cada una como un latigazo.
El oponente ya estaba en posición: un modelo pesado clase B, blindaje reforzado, cañones de pulsos dobles. Piloto anónimo, pero con el emblema de la facción de Valerius en el hombro. No necesitaba nombre. Era un mensaje.
Mara hablaba por el comunicador privado desde el borde de la plataforma.
—No tienes blindaje para recibir. No tienes brazo para bloquear. Solo tienes ese maldito módulo. Úsalo bien o no sales de ahí.
El gong resonó.
El oponente abrió con una salva de pulsos. Kael esquivó por puro instinto, el Cicatriz tambaleándose por el peso muerto del brazo izquierdo. Cada movimiento era más lento de lo normal. La multitud rugió al ver la desventaja.
Segundo intercambio. El pesado avanzó, confiado. Kael retrocedió hasta la pared de contención. No había espacio para maniobras largas. Solo una ventana.
Activó el módulo.
El núcleo del Cicatriz rugió. Una línea de energía violeta recorrió las junturas. Sobrecarga de fase – 220 %. El módulo reescribió la lógica de los propulsores en milisegundos. Kael sintió el tirón en el estómago cuando el mech aceleró de cero a máxima en menos de dos segundos.
Una maniobra prohibida en cualquier manual.
El oponente no tuvo tiempo de reaccionar. Kael pasó como un relámpago por su flanco ciego, el brazo derecho extendido con la hoja térmica desplegada. El corte fue quirúrgico: atravesó el acoplamiento del cañón principal. Chispas. Humo. El pesado se tambaleó.
La multitud calló un segundo. Luego estalló.
Kael no se detuvo. Giró sobre el talón derecho, aprovechando el momentum residual de la sobreaceleración. Segundo corte. Esta vez al núcleo de energía expuesto. El oponente cayó de rodillas, luces parpadeando en rojo.
Victoria. Eficiencia pico: 87 %. Daño estructural: 41 %. Créditos transferidos: +4200.
El rugido de la arena lo envolvió. Pero Kael no sonrió. Todavía sentía el brazo muerto colgando. Todavía tenía treinta y seis minutos para la inspección del Gremio. Y ahora el módulo había brillado en público.
Salió del Cicatriz por la escotilla trasera. El hangar subterráneo olía a ozono y metal recalentado. Se apoyó contra el muslo blindado, respirando con dificultad.
La placa en su muñeca vibró con violencia.
Actualización de rango forzada por victoria pública Nombre: Kael Vorran Rango anterior: Chatarrero – Clase D-9 Rango actual: Aspirante de Élite – Sector Gamma Próximo compromiso obligatorio: 24:00:00 restantes Rechazo = Confiscación total de activo mecánico + destierro permanente
El aire se le atoró en la garganta.
Élite.
No había subido peldaño por peldaño. Lo habían arrojado directo al matadero.
Mara apareció a su lado. Miró la placa. Luego a él.
—No es una victoria, Kael. Es una sentencia.
Él levantó la vista, sudor y grasa mezclados en la cara.
—Entonces tendré que escalar más rápido.
Ella extendió la mano, palma abierta.
—Si quieres sobrevivir a la zona de élite, vas a necesitar más que un prototipo. Necesitas un socio.
Kael miró esa mano un segundo largo. Luego la tomó.
La pantalla seguía contando: 23:59:48…