Novel

Chapter 11: La verdad de la Torre

Kaelen y Valeria escapan de la purga administrativa tras la victoria en la arena. Al huir, descubren que la Torre es una planta de reciclaje masivo de personas. Kaelen utiliza el Módulo Prototipo para forzar el acceso a los niveles prohibidos, iniciando una guerra abierta contra la Administración.

Release unitFull access availableSpanish / Español
Full chapter open Full chapter access is active.

La verdad de la Torre

El estruendo de los aplausos en los niveles inferiores se ahogó en un chirrido metálico. El Chatarrero-7, mi única garantía de supervivencia, se desplomó sobre la plataforma de la arena. Sus servomotores, sobrecargados por la integración del Módulo Prototipo, se bloquearon en una postura rígida, con el chasis agrietado al 41% de su integridad. En el aire, una luz roja de embargo digital parpadeó con la autoridad implacable de la Administración: un sello de confiscación.

—¡Corten la energía! ¡Aseguren el activo! —la voz del supervisor retumbó por los altavoces, fría y carente de humanidad. Drones de custodia descendieron como avispas, sus escáneres barriendo el campo en busca de la firma energética ilegal que acababa de usar.

Valeria estaba a pocos metros, con el rostro pálido. Ella no miraba el mech; miraba la pantalla de la arena, donde los datos de la arquitectura interna de la Torre, extraídos por el Módulo, seguían proyectándose en bucle. La multitud, antes expectante, ahora rugía de confusión y rabia al ver la verdad: la Torre no era un hogar, era una máquina de reciclaje masivo que drenaba a sus habitantes.

—Kaelen, si te detienen aquí, serás desguazado —susurró Valeria, acercándose mientras los drones cerraban el círculo—. No es una confiscación, es una purga. Saben que tienes la llave.

No respondí. Mis manos, marcadas por las cicatrices del desguace, se movieron sobre el panel de control manual de la arena. Inyecté una lectura residual del registro de guerra. El sistema, diseñado para ser una pieza mecánica de la Torre, reconoció la firma del Módulo como una orden de nivel superior. Los drones se detuvieron en seco, sus luces rojas parpadeando en un ciclo de error. La Administración había perdido el control de la arena.

—Muévete —ordenó Valeria, tirando de mi brazo hacia los pasillos de servicio mientras los guardias internos comenzaban a abrir fuego de contención.

Corrimos. El vacío en mi antebrazo, donde el Módulo Prototipo latía con una firma térmica que empezaba a carbonizar mi piel, era un recordatorio constante de que el tiempo se agotaba. El Chatarrero-7 quedó atrás, un esqueleto inútil, pero el Módulo estaba conmigo.

—No intentes tomar el mando —advertí, sintiendo la vibración del metal en mis dientes mientras el pasillo de servicio comenzaba a colapsar bajo el peso de la purga—. Esta arquitectura no reconoce privilegios de clase, solo potencia.

Valeria introdujo su credencial en una compuerta prohibida. El aire cambió al cruzar el umbral: denso, metálico, cargado de estática. Habíamos entrado en el cuerpo real de la Torre. Ante nosotros, una planta de energía y reciclaje a escala colosal se extendía hacia el abismo. Brazos mecánicos bajaban y subían entre columnas de tubos transparentes; montañas de piezas rotas se deslizaban hacia hornos blancos; filas de cápsulas colgaban del techo como ataúdes industriales.

—Mira —dije, señalando el flujo vertical—. Todos los de abajo… no son ciudadanos. Son combustible.

La planta detectó la firma del Módulo y activó protocolos de limpieza. Técnicos de mantenimiento, armados con herramientas de corte, avanzaron hacia nosotros. Con la integridad de mi sistema al 38% y descendiendo, tomé la decisión final: inyecté el código del Módulo directamente en el núcleo de la esclusa de ascenso. Un dolor punzante, como si me arrancaran un nervio, recorrió mi brazo. La esclusa se abrió, revelando el abismo hacia los niveles prohibidos.

Emergimos en la frontera de los pisos vetados, con la Torre entera activando sus alarmas. Valeria me miró, comprendiendo que su linaje no la protegería. La cima, antes un sueño de ascenso, se revelaba ahora como el corazón de la máquina que debíamos destruir. La guerra estaba abierta.

Member Access

Unlock the full catalog

Free preview gets people in. Membership keeps the story moving.

  • Monthly and yearly membership
  • Comic pages, novels, and screen catalog
  • Resume progress and keep favorites synced