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Chapter 8: La deuda de sangre

Kaelen sacrifica todos sus créditos de mejora para salvar a un compañero de la purga administrativa, dejándose vulnerable y sin recursos para la evaluación práctica de mañana. Tras el sacrificio, la sobrecarga del Módulo Prototipo revela que no es un error, sino una llave de guerra diseñada para derribar la Torre.

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La deuda de sangre

La sirena de purga no era un sonido; era una sentencia. Un aullido metálico que vibraba en los huesos de Kaelen, recordándole que en la Torre de Hierro, la vida valía exactamente lo que dictaba el último reporte de eficiencia.

En el pasillo de mantenimiento, el aire olía a ozono y a desesperación. Ivo, un chatarrero de los niveles bajos, estaba siendo arrastrado por dos administradores. Sus botas dejaban surcos en el suelo de rejilla. La pantalla sobre el ascensor de carga parpadeaba en un rojo violento: EXPULSIÓN ADMINISTRATIVA / NIVEL MEDIO / REVISIÓN DE PRUEBA / 06:12:44.

—Ese chico ya es chatarra —sentenció el administrador principal, sin detenerse. Su voz era un bisturí—. Orden de reubicación a los pozos de desguace. No intervenga, estudiante Kaelen.

Kaelen sintió el zumbido del Chatarrero-7 resonando en su mente desde el hangar. La conexión era un pulso compartido, una advertencia de que su propia integridad estructural, al 41%, estaba al límite. Pero ver a Ivo, alguien que le había compartido sus últimas raciones de refrigerante, siendo arrojado al abismo, encendió algo más que lógica.

—No ha terminado su ciclo —dijo Kaelen, bloqueando el ascensor. Su voz no tembló, aunque el peso de su brazalete de rango, recién ganado, parecía quemarle la muñeca—. La normativa 4-B permite una apelación de deuda técnica. Si el sistema lo marca para purga, yo asumo el pasivo.

El administrador se detuvo. El silencio en el pasillo se volvió denso, cargado de la presión de los estudiantes que observaban desde las sombras. Kaelen acababa de convertir una detención administrativa en un incidente público. Al invocar la normativa, forzó al sistema a procesar la transferencia de créditos. En su brazalete, la notificación de "Sanción de Garantía" parpadeó. Sus reservas personales, acumuladas con meses de sudor y riesgo, se drenaron hasta quedar en cero absoluto.

Minutos después, en la Oficina de Créditos, el funcionario almidonado le lanzó una mirada de desdén puro mientras sellaba la liberación de Ivo.

—Diez mil créditos de mejora, Kaelen. Has salvado a un muerto, pero te has dejado a ti mismo en la miseria —dijo el hombre, con una sonrisa que destilaba veneno—. Tu mech tiene un 41% de integridad. Mañana, en la evaluación, serás un blanco fácil. La purga no perdona a los débiles.

Kaelen no respondió. Salió al pasillo y allí estaba ella. Valeria, apoyada contra el vidrio pulido de la galería, observando la miseria de los niveles inferiores con una frialdad calculada.

—Has comprado una lealtad que no podrás sostener —dijo ella, sin mirarlo—. La purga no es una limpieza administrativa, Kaelen. Es una purga de anomalías. Creen que tu mech, con esa firma inestable, es una amenaza para la integridad de la Torre.

—¿Y tú qué eres, Valeria? ¿La verdugo o la espectadora? —replicó Kaelen, sintiendo el vacío en su cuenta de créditos y el peso de su debilidad física.

—Soy la que sabe que mañana la evaluación práctica no será una prueba de habilidad, sino una caza formal. Si tu máquina sobrevive al primer impacto, será un milagro.

Kaelen regresó al hangar. El Chatarrero-7 colgaba de los soportes, un esqueleto de metal que se estremecía. Sin créditos para piezas, solo quedaba una opción: forzar el Módulo Prototipo. Conectó la interfaz de diagnóstico. El dolor fue una descarga eléctrica que le recorrió el sistema nervioso, un precio que el Módulo cobraba por su poder.

Pero entonces, la pantalla del hangar se iluminó con datos que no pertenecían a ningún manual de la Academia. El Chatarrero-7 dejó de vibrar. El metal emitió un tono grave, casi melódico, y en el centro de la pantalla, un registro de guerra oculto comenzó a desplegarse: coordenadas, protocolos de derribo y una estructura de mando que no pertenecía a la Torre. Kaelen entendió la verdad: el prototipo no era un error de ensamblaje. Era una llave de guerra, diseñada no para ascender, sino para derribar la Torre desde adentro.

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