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Chapter 6: Duelo en la zona de exclusión

Leo se infiltra en el depósito prohibido, recupera un núcleo de energía de grado militar y obtiene pruebas del mercado negro de Silva, todo mientras evita ser detectado por los drones de seguridad. Valeria Kross le entrega un pase de acceso a cambio de una alianza forzada para el próximo duelo.

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Duelo en la zona de exclusión

El Sector 9 de la Academia no era un lugar para cadetes; era un cementerio de metal donde los sueños de ascenso se oxidaban bajo una gravedad artificial inestable. Leo Valenti se aferró a una viga de soporte mientras el suelo vibraba, lanzando esquirlas de acero contra las paredes. A diez metros, un dron de seguridad —una esfera cromada con sensores térmicos de grado militar— giraba sobre su eje. Su pitido, un pulso constante de alta frecuencia, era la sentencia de muerte de El Escombro.

La alerta roja, que Valeria Kross había camuflado como un «error de sensor» en el registro central, parpadeaba en el HUD de Leo con una urgencia agónica. Si el dron fijaba su firma energética, la confiscación sería inmediata. No habría amanecer, ni oportunidad de defender su rango en el torneo.

Treinta segundos.

Leo esperó a que la gravedad artificial fluctuara hacia el vacío. En el instante en que sus botas perdieron contacto con el suelo, se impulsó, convirtiéndose en una sombra entre los restos de mechs desmantelados. El dron giró, su lente central emitiendo un haz de luz escarlata que barrió el aire donde Leo acababa de estar. El cadete se deslizó por un conducto de ventilación estrecho, sintiendo el roce del metal contra su traje de vuelo.

El depósito subterráneo estaba saturado de un olor acre a aceite quemado y ozono. Allí, en el centro de una cuna de contención, vibraba el núcleo de energía de grado militar: una pieza descontinuada, azulada, capaz de estabilizar el prototipo de Leo. Pero no estaba solo. El núcleo estaba soldado a un sistema de seguridad conectado directamente al despacho del Instructor Silva.

Leo conectó su módulo de datos al puerto de acceso. La pantalla de su muñeca escupió código rojo. Mientras forzaba el firewall, encontró algo que valía más que el núcleo: la bitácora de transacciones ilegales de Silva. El instructor no solo confiscaba mechs; los desguazaba para alimentar un mercado negro de piezas de élite. Leo copió los datos con dedos temblorosos. La extracción del núcleo provocó un aullido ensordecedor en el almacén; las alarmas de seguridad estallaron, sellando las salidas.

La huida fue una carrera de supervivencia. Perseguido por drones, Leo se arrastró por los conductos de servicio, con El Escombro protestando bajo el nuevo núcleo. La energía fluía con una irregularidad punzante, provocando descargas que bloqueaban los actuadores. La integridad estructural caía: 88%... 85%... 82%. Una ráfaga de láser impactó contra el blindaje trasero, sacudiendo la cabina. Leo desvió la energía del núcleo directamente a los propulsores, sacrificando la integridad del chasis por un estallido de velocidad que lo arrojó, humeante, al Hangar 7.

El reloj del sistema marcaba las 04:12. Faltaban menos de dos horas para que Silva apareciera para la inspección. Leo se dejó caer contra el chasis de El Escombro, sintiendo el calor residual del núcleo.

—El sistema ha registrado un pico de energía, Valenti. Si no logras estabilizar la firma, Silva no necesitará una orden judicial para reducirte a chatarra —la voz de Valeria Kross cortó el silencio del hangar. Estaba apoyada en una columna, su uniforme impecable contrastando con el caos industrial.

—Ya lo he ocultado tras el firewall que me proporcionaste —respondió Leo, limpiándose la grasa de las manos—. El núcleo está en línea. El Escombro ya no es la misma chatarra de ayer.

Valeria caminó hacia él, su mirada recorriendo las modificaciones anómalas del mech. Sacó un pase de acceso de los niveles superiores y lo dejó caer en la mano enguantada de Leo.

—Esto te costará más que créditos, Valenti —dijo ella, con un brillo peligroso en la mirada—. Mañana, en el duelo de exhibición, pelearás bajo mis términos. Si Silva quiere tu cabeza, asegúrate de que al menos pague el precio de tu ascenso.

Leo apretó el pase. La confiscación seguía siendo una amenaza al amanecer, pero ahora, tenía la llave para entrar en la base de datos de Silva y la evidencia necesaria para enterrarlo.

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