Noche de gala, noche de guerra
El silencio en el penthouse no era vacío; era una herramienta de presión. Elena observaba su reflejo en el espejo de cuerpo entero. La seda azul medianoche de su vestido no era una prenda, sino una armadura que le quedaba demasiado grande. Sobre la mesa de mármol, la fotografía que habían descubierto en el estudio —la prueba de que Adrián no solo la vigilaba, sino que conocía su conexión con el hombre que ella había intentado borrar de su historia— seguía allí, como una herida abierta.
Adrián estaba de pie junto al ventanal, con la silueta recortada contra las luces de la ciudad. No buscaba el panorama; calculaba daños. E
Preview ends here. Subscribe to continue.