Guerra de reputación
El estudio de Julián Varela no era un despacho; era un archivo de la vida de Elena, diseccionada con la frialdad de quien colecciona piezas de ajedrez. Elena dejó caer el dossier sobre la caoba con un golpe seco. Las fotografías, los registros de llamadas, el historial médico de Mateo: todo estaba ahí, documentado desde años antes de que sus caminos se cruzaran formalmente.
—¿Desde cuándo, Julián? —preguntó ella. Su voz no temblaba, aunque el orgullo le ardía en el pecho como una herida abierta. La mujer que había reconstruido su vida desde las cenizas de una infidelidad fabricada se sentía ahora como un peón en un tablero que ni siquiera sabía que existía.
Julián, de pie junto al ventanal que dominaba el skyline de la
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