El rastro del dinero
El despacho de Julián Varela era un santuario de caoba y cristal, pero esa noche se sentía como una celda de interrogatorio. Sobre el escritorio, el dossier que él mismo había ordenado compilar sobre Elena Valdés hace tres años —una vida entera de vigilancia silenciosa— parecía pesar más que el acero de la torre. Julián no buscaba consuelo; buscaba la arquitectura de su propia traición.
Sus dedos se movieron sobre el teclado con una cadencia mecánica. Los registros financieros de Varela Hold
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