La trampa del Patriarca
El aire en la sala de servidores del Hospital Varela era un zumbido metálico, denso por el calor de los procesadores y el olor a ozono. Julián Varela no necesitó girarse para reconocer la cadencia de los pasos que se acercaban: un ritmo arrogante, ahora roto por un arrastre errático. El Patriarca estaba en la puerta.
—No tienes autoridad para estar aquí, Julián —la voz del anciano, antes un trueno que silenciaba pasillos, era ahora un murmullo tenso, erosionado por la humillación sufrida hace apenas minutos ante la junta de accionistas.
Julián no detuvo sus dedos. Sus manos se movían s
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