El precio de la lealtad
El mármol del ala administrativa del Hospital Varela no era suelo; era un altar al exceso donde el Patriarca Varela solía dictar sentencias. Hoy, sin embargo, el aire estaba viciado. El olor a desinfectante industrial apenas lograba ocultar el hedor a pánico corporativo que emanaba de las oficinas cerradas.
El Patriarca no caminaba, acechaba. Se detuvo frente a Elena, bloqueando la salida hacia el área de emergencias. Su rostro, una máscara de p
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