El bisturí de la justicia
El aire en el Quirófano 1 no olía a medicina; olía a ozono, a acero frío y al sudor de hombres que sabían que estaban presenciando el fin de una era. Julián Varela cruzó el umbral con la cadencia de quien no pide permiso, sino que reclama una propiedad confiscada. A sus espaldas, la puerta automática se selló con un siseo hidráulico, dejando al Patriarca Varela golpeando el cristal de la sala de observación, su rostro desencajado por una furia que ya no tenía peso político. Los inversores, reunidos en la galería superior, observaban en un silencio sepulcral.<
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