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Chapter 9: Chapter 9

Elena se infiltra en la capilla para rescatar a Isabel, pero descubre que Julián ha sido capturado y torturado por Doña Beatriz. Beatriz acelera la liquidación de la herencia, reduciendo el plazo a siete días. Elena intenta descargar las pruebas del Proyecto Saneamiento en el archivo secreto, pero es detectada por el sistema de seguridad, quedando atrapada mientras los hombres de Beatriz se acercan.

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Chapter 9

El aire en los niveles subterráneos de la capilla sabía a incienso rancio y a miedo antiguo. Elena se pegó a la piedra húmeda, con el pulso martilleando contra sus costillas. Según el mapa digital que había extraído del terminal, la celda de Isabel estaba a menos de veinte metros, tras el arco de hierro forjado que separaba el osario de las celdas de castigo. Pero el camino estaba bloqueado. Dos guardias de Doña Beatriz patrullaban el pasillo con linternas cuya luz blanca cortaba la penumbra como bisturís.

—El abogado ya está en la sala de interrogatorios —murmuró uno de los guardias, deteniéndose a pocos metros de la sombra donde se ocultaba Elena—. La señora Beatriz quiere que el rastro del 'Proyecto Saneamiento' se purgue esta misma noche. Si la heredera aparece, que no llegue a ver la luz del día.

Elena contuvo el aliento. El reloj de la liquidación, ahora reducido a nueve días, se sentía como un parásito devorándole el juicio. No podía arriesgarse a una confrontación directa. Mientras retrocedía, un sonido metálico llegó desde la sala adyacente: el eco de una cadena golpeando el suelo. Se asomó por una rendija de la pared. Julián estaba allí, encadenado a una tubería, con el rostro desfigurado por los golpes.

—No sé nada más, se los juro —la voz de Julián era un graznido agónico—. Ella tiene el acceso, no yo.

Doña Beatriz, impecable incluso en aquel infierno, se acercó a él con una parsimonia que helaba la sangre. Sus hombres, sombras vestidas de negro, observaban con la frialdad de quien ejecuta una tarea burocrática. Beatriz acarició la mejilla de Julián, obligándolo a levantar la vista.

—Julián, el 'Libro Negro' no es un archivo contable que alguien pueda llevarse en un bolsillo —murmuró ella con una dulzura letal—. Es la llave maestra de la red de túneles y las cuentas ocultas del Proyecto Saneamiento. Si Elena lo tiene, es porque tú se lo entregaste. Y si ella no aparece con él antes del amanecer, tu vida será el primer pasivo que elimine de mis balances.

Elena sintió un vacío gélido. Julián la había vendido, pero su traición era ahora su única ventana a la verdad. La puerta de la sala se abrió y Beatriz entró, dejando sobre la mesa un documento sellado con cera roja.

—He decidido que la incertidumbre es una falta de respeto hacia esta familia —anunció Beatriz, su voz resonando en las paredes de piedra—. He forzado la liquidación del fideicomiso. El plazo ha sido recortado. Tienes cuarenta y ocho horas menos de lo previsto.

Elena sintió que el suelo se movía bajo sus pies. Nueve días se habían convertido en siete. El tiempo ya no era un recurso, era un arma que Beatriz disparaba contra ella. Mientras la mujer se retiraba, dejando a Julián en su agonía, Elena comprendió que no habría rescate posible sin la prueba definitiva. Se deslizó por el pasillo contrario, hacia el archivo secreto del santuario.

El archivo era un laberinto de papel y desinfección. Elena conectó su terminal al servidor central, con las manos temblorosas. En la pantalla, los archivos del 'Proyecto Saneamiento' se desplegaban como una herida abierta: nombres, fechas de defunciones prematuras y transferencias que probaban que su madre no había muerto por causas naturales, sino como una partida presupuestaria ajustada. Elena sintió náuseas al ver su propio nombre en una lista de 'activos pendientes de liquidación'.

La barra de descarga se detuvo en el 82%. De repente, las luces de emergencia se encendieron, bañando la sala en un rojo sangre. El sistema de seguridad había detectado la intrusión. Las puertas blindadas del archivo se bloquearon con un estruendo metálico y, a través del cristal reforzado, Elena vio las siluetas de los hombres de Beatriz acercándose a paso firme. Estaba atrapada en su punto de mayor debilidad, con la prueba de su propia ejecución a punto de ser borrada para siempre.

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