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Chapter 7: La cuenta regresiva se acelera

Elena recupera la segunda parte de la clave en el despacho de Octavio tras escuchar sus planes de desfalco. Al confrontar a Julián, descubre que él ha negociado su propia supervivencia entregando información falsa al abogado de la familia. El capítulo termina con un mensaje anónimo que revela que Elena está siendo vigilada por un tercer jugador, mientras el abogado inicia el proceso legal para declararla desaparecida.

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La cuenta regresiva se acelera

El aire bajo el escritorio de caoba de Don Octavio era una mezcla viciada de tabaco caro, cera antigua y el sudor frío que me recorría la espalda. Faltaban once días, veintitrés horas y cuarenta minutos para que el consejo legal sellara el destino de la fortuna Lane. Estaba inmovilizada, escuchando cómo el patriarca desmantelaba mi existencia con la precisión de un cirujano.

—La transferencia offshore estará completa antes del amanecer —la voz de Octavio resonó sobre mi cabeza, gélida—. No dejes rastro, Julián. Si la chica intenta reclamar algo, que encuentre una cuenta vacía y una deuda que la hunda de por vida. Ella es el chivo expiatorio perfecto para el desfalco.

Mis dedos, entumecidos por la tensión, rozaron el panel de madera. Sentí el relieve de la caja fuerte oculta. Octavio no estaba protegiendo el legado; lo estaba incinerando para borrar las huellas de décadas de ejecuciones financieras. Con un movimiento rápido, introduje el dispositivo de decodificación que Julián me había entregado. Un clic metálico, seco y definitivo, rompió el silencio del despacho. La compuerta cedió. Dentro, un pequeño cilindro con el grabado de la familia brillaba bajo la luz mortecina: la segunda parte de la clave. Lo guardé en mi bolsillo justo cuando Octavio se levantó. El crujido de sus zapatos sobre la alfombra me obligó a contenerme, a ser nada más que una sombra bajo la mesa, mientras él salía, dejando el despacho bajo llave. Estaba atrapada, pero ahora, el libro negro dejaba de ser un enigma para convertirse en un arma.

El pasillo de servicio, oculto tras la biblioteca, olía a polvo y a una urgencia que me oprimía el pecho. Julián me esperaba entre las sombras, su figura recortada contra la luz parpadeante de un aplique. No era el aliado que prometió lealtad; era un náufrago buscando un salvavidas a mi costa.

—¿Lo tienes? —preguntó sin preámbulos. Su voz era la de un prestamista que espera el cobro de una deuda impagable.

Le mostré el fragmento del cilindro. El sello seco de la dinastía parecía quemarme los dedos. Antes de que pudiera arrebatarlo, lo retiré hacia mi pecho.

—La primera parte de la clave, Julián. Dijiste que la entregarías —exigí, sintiendo el eco de los pasos de la seguridad en la planta baja.

Él soltó una risa seca, desprovista de cualquier calidez. Se acercó, invadiendo mi espacio personal hasta que pude ver el terror en sus pupilas. —Crees que esto es un juego de lealtades, Elena. Pero el abogado de la familia ya ha presentado pruebas falsas de tu identidad ante el consejo. Octavio y él han orquestado tu caída desde el día en que llegaste. Si quieres la clave, necesito que me entregues el acceso total a los servidores de la mansión. Es la única forma de que yo borre mi nombre de la lista de liquidaciones antes de que el barco se hunda.

La traición no me sorprendió, pero su magnitud me dejó helada. Julián no era un aliado; era un cómplice que ya había vendido mi futuro. Entregué la información parcial, una migaja técnica que le serviría para abrir una sola puerta, mientras me quedaba con la clave que él tanto deseaba. Al separarnos, el peso de la soledad era más sofocante que el peligro mismo.

Regresé al estudio de livestreaming, el panóptico donde Octavio solía escenificar la verdad. Me encerré en la penumbra, con el libro negro sobre la mesa. Apenas comencé a alinear los fragmentos de la clave, mi móvil vibró sobre la superficie metálica. El mensaje no era de Julián, ni de Octavio. Era un número bloqueado, una línea directa a mi pesadilla:

'Sé que tienes el libro, Elena'.

El frío me paralizó. Alguien más estaba observando desde las sombras, alguien que no formaba parte del plan de Octavio. En ese instante, a través de los monitores del estudio, vi la transmisión en vivo que el abogado de la familia comenzaba ante la prensa: el anuncio oficial de mi desaparición legal. El cerco se había cerrado. El tiempo ya no se contaba en días, sino en minutos, y el tercer jugador acababa de entrar en la partida.

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